Publicidad..

Amar,,,

Escrito por Samuel Paiva. Posted in Cuentos

( 8 Votes ) 
Valoración del Usuario:  / 8
MaloBueno 

AMAR,,,

 

He pensado muchas veces en como comenzar esto, en como comenzar a contar todo lo que he estado viviendo estos días. El tiempo ha sido tirano y ya es hora de que tome una decisión importante. Pero antes de ello quiero que se sepa en qué circunstancias me encuentro:
Todo los años de mi vida han sido simples y rutinarios. Esperando que aparezca algún tipo de suceso que lo cambie todo: no sé, una beca en el extranjero o tal vez un príncipe azul, pero creo que no me esperaba todo repentinamente. Siempre he creído en el amor, aunque este no ha tocado mi puerta muy a menudo. Será solo por el gran interés que tengo en las novelas de este género, yo digo. Pero igual creí haber llegado a una conclusión: “es mejor haber amado y sufrido, que nunca haber amado”. O bueno, esto fue lo que pensé hasta que me enfrente a la realidad. Pues yo amaba a esos hermosos galanes y actores del cine, y aunque estos no me correspondían, tampoco me lastimaban. Pero ya me he desviado mucho de lo que yo realmente quiero contarles. Tal como todos, creo que mi vida tendría que ser escrita, porque tal vez a alguien le podría llegar a interesar y hasta ser un best-seller. Aunque sea vanidad, uno siempre tiene el simple deseo de querer ser conocido, de ser "famosa". Como yo no tengo el perfil, ni la súper estima como para presentarme frente a un gran público, sueño que se sepa de mí en un libro. Pero no es tanto mi propósito ese ahora, pues solo contare sobre lo que me fue sucediendo, más o menos, desde hace una semana atrás.
Voy a un colegio secundario en Perico, una ciudad de al menos unos cincuenta mil habitantes, que se encuentra no muy lejos de la ciudad Capital. Curso el 5to año sin grandes logros ni aspiraciones, pero soy buena para pasar desapercibida, como lo hice durante todo este tiempo, o mejor dicho me resigne a ello. En realidad, aunque quisiera, no tengo aptitudes para ser de las populares, pero por supuesto que tampoco lo quiero. Además esos puestos ya están tomados. Fabiola y Sofìa son las "reinas" del colegio, y ambas están en mi curso. Pero yo digo que son unas “locas”. No es que realmente sepa que son así, pero igual yo lo seguiré diciendo hasta que confirme que no lo son. Los chicos que las rodean parecen moscas, y ya saben que les gusta a las moscas, así que no hace falta que diga a que se compararían ellas. Pero hay chicos que se pueden parar juntos a ellas como iguales, los chicos del equipo de futbol. Son realmente muy lindos y están en buena forma, pero son huecos. Yo no me arriesgaría a enamorarme de algunos de ellos, pues estaría a su merced y seguramente jugaría con esos sentimientos sinceros. «Aprendí la lección como lo dije antes».

Aproximadamente al mes de comenzado el ciclo lectivo llego Samir Ajaya, un alumno de intercambio; un chico muy atractivo y estudioso, al parecer... Proveniente de algún lugar de Asia. Pero no fui la única que quede encantada con él, también lo vio atractivo Gina, una de las populares. Pero a ella yo si la conozco: una chica que de verdad “vale la pena”, aparte de ser muy linda y parecer una modelo, es muy inteligente y tiene una agradable actitud. Aun su familia siendo de renombre en la ciudad, ella es humilde y magnánima. Aunque no se la reconoce como la más deseada de la escuela, todos sabemos que sí lo es. Es de esas chicas de la cual un chico se arrepentiría toda su vida si no intenta conquistarla al haber recibido su dulce mirada aunque sea una sola vez fugazmente. Cuando se rumoreo que ella gustaba de él, y ella no lo desmintió, casi me sentí perdida. Pero para peor, ese mismo día, cuando él llego al curso, me sucedieron las peores cosas que me podría imaginar. Durante toda la hora de literatura, antes del último recreo, me la pase masticando mi lapicera mientras miraba bobamente al chico nuevo, quien se ubicó unos asientos adelante mío. De repente todos empezaron a voltear hacia mí, mientras sentía un pequeño gusto amargo en mi lengua. La birome había "explotado" en mi boca, manchando mis labios. Para el colmo de males, los nervios de aquel papelón hicieron que no razonara y que intentara con mi mano limpiar en ese mismo momento aquella primera mancha, con lo que esta fue agrandándose a medida que la refregaba para poder quitármela. Luego de que todos se rieran, hasta él, salí corriendo al baño. No volví hasta que comenzó la otra hora. Me metí al curso cuando todos estaban afuera en el recreo e hice lo que mejor hago: pasar desapercibida. Una vez que todos se fueron tuve que quedarme después de hora. Sabía que tendría consecuencias el haber llamado la atención. Me habían ocultado la carpeta. Me tarde un buen rato en encontrarla, con lo que cuando emprendí el camino de vuelta a casa ya estaba oscureciendo. Son diez cuadras las que debo recorrer todos los días. La calle siempre están vacías, ni un alma ronda por allí por esas horas, pero justo esa tarde-noche me topé con un grupo de chicos los que parecían drogados. Al verme solita no dudaron en dirigirse hacia mí, para intentar robarme o hacerme algún tipo de daño seguramente, pero en ese momento alguien se situó junto a mí. Escuche su pasible pero firme voz diciéndome: «Amar te estaba buscando». Lo mire mientras entrecerraba sus ojos con una sonrisa amplia. Era mi nuevo compañero Samir. Al levantar la cabeza y notar que esos chicos aún se venían hacia nosotros, tomo mi mano y empezamos a correr. Los tipos esos, amagaron acelerar el paso, pero se detuvieron a metros de su recorrido dejándonos escapar. Cuando nos detuvimos luego de correr unas cuantas cuadras, no sé por qué tantas, él aún sostenía mi mano fuertemente.

-me  devuelves mi manos –dije despacito.
Se sonrojo mientras soltaba mi mano con delicadeza.
-¿por qué me llamaste Amar? –pregunte mientras intentaba ubicarme en qué sitio de la ciudad estábamos.
-¿no es ese tu nombre?
-lo es, pero, pero no creí que lo supieras, digo porque eres nuevo –dije intentando no mostrar lo emocionada que estaba por que supiera de mí.
-ah pues tú, pregunte tu nombre después del percance que tuviste en el curso –lo dijo con su hermoso tono extranjero. Pero que él recordara aquello, me puso roja como un tomate de la vergüenza.

 

 

Mi vida no fue de lo más bonita, aunque no he vivido mucho como para decirlo tan a la ligera. Me llamo Fred y tan solo tengo 18 años recién cumplidos, pero aunque soy joven, creo que si tengo el derecho de decir que “hasta ahora” no he tenido tanta suerte. No sé si es envidia, no lo creo, no me veo como alguien con esa actitud; pero siempre he deseado tener una vida feliz, como la de cualquier chico normal. Bueno, no me quejare más. Simplemente lo que deseo es contar un poco de mí, de cómo eh tenido que vivir lo que me ha tocado y también el como una simple persona pudo cambiarlo todo, al punto que le estoy agradecido que me haya salvado. Aunque una vez le hice daño y eso aún me pesa.
Nací en un hogar pobre. Mis padres, bueno, a mi papá no lo conocí y con mi madre solo estuve hasta los 2 años; después ella me dejo, junto con mi hermano que aun era bebe, al cuidado de mi tía, su hermana. Las cosas no fueron fáciles en casa de mi tía, ella tiene 3 hijos, unos chicos de lo más caprichosos y malvados en demasía. A los 10 años abandone esa casa por motivos… bueno, note que no podían cuidar de mí y mi hermano. El marido de mi tía renegaba muchísimo por la cantidad de gastos que le producíamos a la familia y también por el poco ingreso que le proporcionaba su trabajo. No sé si era así, pero creí, o me hicieron creer, que éramos un gasto importante para aquel hombre. Por lo que yo termine abandonando por propia voluntad aquella casa. Tampoco quería recibir más las palizas que me daba, agradecí que nunca le tocara un pelo a mi hermano, no se lo hubiera perdonado. Él siempre se desquitaba conmigo, aunque sus hijos hicieran las travesuras, yo terminaba siendo el culpable. Por las noches a veces el dolor no me dejaba dormir, y una cuantas, hasta me tuvieron que llevar al hospital, pero solo porque no aguantaba más, porque siempre fui un chico saludable y fuerte, y resistente. Tenía 10 años y no tenía a donde ir recuerdo. Solo contaba con una vieja mochila con mis “útiles”, una muda de ropa aparte de la que llevaba puesto y un guardapolvo blanco, mejor dicho amarillo por lo viejo que estaba, el que usaba en la escuela, a la cual nunca deje de asistir. Una señorita, quien se había encariñado conmigo, hacía de mi tutora mientras cursaba la escuela primaria y los primeros años de la secundaria. Los primeros días en la calle fueron horribles, dormía en la estación de tren de la ciudad, comía la sobra de los restaurantes, la que guardaban especialmente para nosotros los chicos callejeros. Que decir de las amistades en la calle, dudo aun de llamarlas «amistades», pues la vida era terrible y de nadie se podía confiar, siempre están los que se quieren aprovechar de uno. Los mayores siempre nos daban palizas tan solo para marcar la jerarquía mezclado con la costumbre, debíamos estar atentos porque si aparecieran convenía estar corriendo ya por la otra cuadra. A los 12 años comencé a trabajar de cadete en una biblioteca, aquel lugar término de despertar mi deseo por la escritura, desde ahí empecé a soñar con ser algún día un gran escritor. La señora bibliotecaria era muy buenita conmigo, al ver que no tenia hogar me ofreció un lugar en el cual vivir, el que me lo alquilaba por un mínimo. Era un cuarto pequeño, con una cama y un pequeño escritorio; perfecto para mí, allí podía leer los cientos de libros que me interesaban.

Aunque tenía un muy bajo sueldo, le entregaba gran parte del mismo a mi hermano. No quería que le faltaran recursos para lo que se propusiera y que pudiera gastar en la escuela y demás cosas. Recuerdo que ese tiempo, hasta antes que me subieran el sueldo, pase hambre, terrible hambre. Días enteros aguantaba con tan solo un jarro de mate y un gran bollo. En esa época se me hacía tentador dejar la escuela y dedicarme por completo a trabajar. Pero sabía que no podría cumplir mi sueño de ser escritor sin estudiar, por eso aún me esfuerzo en ello.
Pero todo era superable, sí, realmente lo era desde que la conocí a ella. Durante las vacaciones cuando tenía 10 años, en el parque San Martin conocí a Amar, alguien a quien se puede amar con tan solo verla una vez. Pero tenía que ser yo alguien tan tonto. Nos empezamos a conocer y llegamos a ser muy buenos amigos, hasta nos hicimos una hermosa promesa para el futuro. Pero lo arruine todo. Recuerdo que encontramos un cachorrito al que empezamos a cuidar, era color café de pequeña estatura. Lo quería mucho, pues me sentía reflejado en él, ambos éramos solos y callejeros. Nos turnábamos quien se lo llevaba a su casa para que durmiera, aunque en ese tiempo yo no tenía una, mentía para no quedar mal. Un día la vi llegar al parque sin el perrito y luego llorando me dio la terrible noticia: lo habían atropellado. Dijo que por un descuido dejo abierta la puerta del jardín de su casa, este escapo hacia la calle y un conductor imprudente lo atropello. En ese momento enfurecí, y la culpe de todo, hasta la empuje y se lastimo.  Aun así ella venia todos los días al parque a intentar hablar conmigo; pero yo la trataba mal, siempre la hacía llorar. La odiaba. Una tarde sospeche que ella en realidad se lo había quedado y que era mentira que había muerto, con lo que la seguí hasta su casa. Esa tarde se había despedido de mí, pero como nunca le prestaba atención no le hice caso. Al llegar vi un camión de mudanza y a un hombre subiendo equipajes en un auto, pensé que podría ser el papa de Amar, con lo que me acerque a él para preguntarle por ella y por el perrito, pero se me adelanto en hablar.

-tú debes ser Fred, el “amiguito” de mi hija –dijo con voz pasible

-si señor ¿esta ella? ¿A dónde se van? –pregunte velozmente, había puesto mi plan en marcha.

-nos mudamos hijo ¿no te lo dijo ella? Esta adentro, debe estar terminando de preparar sus cosas. Ella está muy triste, pero no te preocupes, en las vacaciones va a volver.

-señor ¿no vio usted un perrito marrón? –dije sutilmente.

-ah! Si, lo siento hijo. Quien pensaría que moriría así –hablaba de una forma tranquila, como si sintiera verdadero pesar –mi hija me conto que cuando ella estaba dispuesta traer el perrito a casa, este te siguió corriendo y el auto no tuvo tiempo de frenar. Ella aun lo llora.

En ese momento sentí una estocada en el corazón. Sabía que ella no lloraba por el perrito, sino porque yo siempre la trataba mal. Ella me había ocultado la verdad para que no me sintiera mal, pues en realidad todo había sido mi culpa. Corrí tras el auto cuando este se marchaba, quería pedirle perdón, quería que me escuchara aunque sea una última vez, quería confesarle lo que en realidad sentía por ella. La vi alejarse, sabiendo que tal vez no la volvería a ver nunca más.

Durante todos estos años prepare el reencuentro, la busque por cielo y tierra, me mude a la ciudad donde vive, planee todo para que pudiéramos tener un encuentro de forma casual. Solo ruego no estropearlo una vez más…

 

 

Aquella tarde-noche fue de lo más extraña. Samir me acompaño hasta mi casa, pues nos habíamos alejado varias cuadras del camino que siempre hacia en esa obtusa huida. Fue una silenciosa caminata.

Al día siguiente todo fue normal, ninguno de los dos recordaba lo que había sucedió el día anterior, o eso fingimos. La clase paso volando, pues me esforcé en prestar atención lo que el profesor nos enseñaba. Nunca sospeche lo que estaba a punto de sucederme.

La escuela estaba alborotada. Se escuchaba hablar a las chicas de que había un chico de otra escuela rondando por el establecimiento, y lo más importante, que era muy guapo. Cuando comenzó la siguiente clase me senté absorta en la cartilla que tenía en mano. El curso se agito repentinamente, pero esto no llamo mi atención, yo seguía con la cabeza gacha inmersa en “mi mundo”. La profesora, una señora mayor, irrumpió en el oasis mental en el que me encontraba pronunciando mi nombre con su aguda voz. Levante la vista recorriendo el curso, observando a mis compañeros que me miraban perplejos, algunos indiferentes y otros con una sonrisa sarcástica. La profesora volvió a hablar.

-señorita Amar ¡la buscan! –dijo.

Mire hacia la puerta. Un joven se encontraba parado allí, mirándome con unos ojos que brillaban. Su cabello era platinado, sus rasgos faciales muy delicados, casi como el de una mujer pero con un mentón muy masculino, sus ojos eran celestes, de gallarda apariencia y estatura considerable. Camino hacia mí hasta detenerse al lado de mi pupitre. Menos mal que había dicho que tendríamos un “encuentro casual”. Lentamente se arrodillo, tomo mi mano y con una gran sonrisa dijo:

-buenas tardes Amar. Soy Fred.

-¿Fred? –pregunte realmente confundida, no recordaba a ese chico. Cuando se dio cuenta de esto, se descompenso; tubo que apoyar su mano en el suelo para no caerse.

-soy tu prometido –dijo reponiéndose. Esto sí que me sorprendió. Quede muda por un momento, mientras miraba a Samir quien estaba atento a mi reacción.

Me serene.  Intente reconocerlo. Mire sus lindos ojos y luego recorrí con mi mirada su aspecto, no había notado antes que su vestimenta no era del todo presentable. Era un poquito “croto”, ese fue el apodo que luego los chicos del curso le pusieron.

-no te conozco –dije levantándome para salirme de allí y correr de nuevo al baño.

Pero me detuve afuera del curso a un costado de la puerta. Había sido sincera con él. Desde afuera escuche como lo interrogaban, mejor dicho como se burlaban de él mis compañeros. Le preguntaron por esa fachada y él solo pudo contestarles que era pobre. Sentí pena, no sé si por el momento que había vivido, tal vez por vergüenza ajena o simplemente sentí culpa por haber sido tan cruel con él. Pero como ya lo dije, solo fui sincera.

Cuando salió del curso y me vio, miro hacia abajo y siguió caminando para marcharse.

-oye –le dije para que se detuviera.

-no debía haber venido, discúlpame –dijo de espaldas hacia mí.

-¿de dónde nos conocemos? –pregunte abochornada.

-¿recuerdas a Lupi? un perrito pequeñito de color café. Lo cuidamos juntos –recordé al perrito, pero de él no me acordaba–. No te culpo que no me recuerdes, pues no fui bueno contigo en aquellos tiempos. Por eso estoy aquí, para pedirte perdón y para redimirme.

Estaba por responderle, cuando salió Jack, el chico más popular y fanfarrón de la escuela, para decirme que la profesora quería que ya volviera a clases.

-charlamos otro día Fred –fue lo que le dije, regalándole una sonrisa.

 

El fin de semana sentí mucha soledad. Necesitaba una amiga, o una madre, alguien a quien contarle todo lo que sentía y lo agitado que habían sido aquellos días para mi corazón. Mi madre nunca estuvo conmigo, no la recuerdo. Pero no podría sentir rencor hacia ella, me imaginaba que debía haber tenido sus razones para abandonarnos a mí y a papa. Cuando volvía luego de las compras para el almuerzo, vi que alguien buscaba en mi casa. Un joven con una gran mochila tocaba mi puerta. Su aspecto era muy peculiar: su cabello oscuro era lacio y largo, con puntas paradas en la parte de atrás de la cabeza, de tez muy blanca, ojos marrones oscuros y achinados.

-¿Quién eres? ¿A quién buscas? –le pregunte, mientras se volteaba sobresaltado al percibirme cerca.

-busco a la señorita Amar –dijo con un extraño tono: en vez de decir Amar, dijo algo más parecido a Amal.

Cuando le dije que era yo, me comento que el tema que lo traía desde tan lejos tenía que ver con mi madre. Con lo que lo hice pasar a casa.

-me llamo Yuki –comenzó diciendo- vengo desde Japón, y he venido hasta aquí porque se lo prometí a su madre, la señora Vera Sakura.

No termino de hablar, cuando le pregunte donde se encontraba ella y por qué me había abandonado. Nunca pensé lo mucho que la extrañaba. Necesitaba respuestas de inmediato.

-la señora Vera falleció hace 8 años –cuando lo dijo, mis ojos se cargaron de lágrimas-. No piense usted mal de su madre por favor. Ella no la abandono porque no la quisiera. Cuando usted nació, ella contrajo una enfermedad muy grave. Al enterarse de esto, sabía que no le quedaba mucho tiempo, pues aunque se conocía muy poco de esta rara enfermedad, se sabía que era terminal. Alguna vez soñó con encontrar la cura en el oriente, por lo que vivió el resto de su vida allí. Extrañaba mucho a su familia, pero no quería ser una carga para ustedes –mientras hablaba, sacaba un cofre de su mochila-. La señora me pidió que le entregara esto. Ella nunca olvido a su hija amada.

Estaba confundida e impaciente, quería abrir aquel cofre en ese mismo momento. Ante el silencio que nos invadió, Yuki se puso de pies, hizo un acto de reverencia y se dirigió hacia la puerta.

-¿a dónde te vas? –dije al ver que se marchaba.

-aun no lo sé, pero no se preocupe señorita Amar –contesto mientras se dibujaba una sonrisa en su rostro.

-no quieres quedarte a comer? –lo dije más como una orden, que como una pregunta. Asique solo asintió con la cabeza.

Mi papa no dudo en ofrecerle alojamiento al ver que no tenía donde quedarse, le había ciado realmente bien. Teníamos un cuarto en el fondo de la casa, uno que usábamos para guardar cosas viejas. Junto con Yuki pasamos aquel sábado y domingo acondicionando esa pieza. Descubrí en él un chico un poco tímido pero muy agradable, alguien con quien se está cómodo, es como si fuera que lo conociera de años aunque no sea así, y no hay necesidad de estar hablando todo el tiempo. El silencio con él es gustoso. Al comienzo pensé que no sería buena idea que hubiera un extraño rondando en casa, porque mi padre casi nunca estaba por motivos de su trabajo, pero acepte pues llegue a confiar de Yuki, también se lo debía por haber viajado de tan lejos para hablarme de mi madre; además quería sacarle más información sobre ella.

El comienzo de la semana fue algo que esperaba con ansias. No soy una fanática del estudio, diría que todo lo contrario, pero aquellos días deseaba volver a clases, aunque no descartaba que pudieran pasar cosas desagradables, también esperaba cosas emocionantes. Ese lunes Yuki salió tan temprano que no lo vi. Lo espere con una rica comida casera al medio día, pero él no volvió recién hasta la noche. Supuestamente estuvo buscando trabajo. Esa tarde en el colegio pasaron muchas cosas:

Cuando llegue, una de mis compañeras pasando al lado mío dijo «que osada». No entendí aquello hasta que fui llamada por la directora, quien se tomó la molestia de ir a buscarme al curso.

-nunca alguien tuvo este tipo de conductas –comenzó diciendo.

Dijo que no sabían que hacer conmigo, pues yo nunca antes había tenido un llamado de atención y mi conducta había sido ejemplar. Me entere que era algo malo, se me acusaba de vandalismo: en el portón del establecimiento se había escrito con aerosol mi nombre en medio de un gran corazón. Se decidió sancionarme. Algo terriblemente injusto, puesto que ni se tomaron el trabajo de averiguar quién lo había hecho, solo me culparon así porque sí y yo nada que ver.

Esa tarde fui el centro de las burlas y bromas de todos los chicos del curso, encabezados por Jack, quien es descomunalmente insoportable conmigo. Como siempre yo, caminando despistada y mirando al suelo, no note que tenía al frente a alguien y lo choque. Tomándome por los brazos para que no cayera, Jack, acerco su rostro al mío. «El "croto" volvió a buscarte. Dile que mejor ya no vuelva» dijo con su característica voz tenue. Enseguida le clave una mirada fulminante y no le respondí nada. Mire hacia la vereda de en frente, me solté y me dirigí hacia donde estaba Fred. Me di cuenta que aquel choque fue como si no hubiera existido o como si habría sido con alguien de cofinancia, con quien no se necesita pedir disculpas.

Fred estaba más presentable. Había peinado su cabello rubio y llevaba puesta una linda camisa, la que se notaba que era nueva. Al acercarme más, note que ocultaba algo detrás de él, no me iba a sorprender que trajera un ramo de flores, cosa que mucho no le erre. Me traía una sola gran rosa roja, la que tardo mucho tiempo en entregármela. Pidió acompañarme en mi recorrido hasta casa, accedí pues aún tenía muchas dudas sobre él y quería respuestas. Hablamos sobre muchas cosas: sobre los grafitis, sobre su sueño de ser escritor, la paz mundial y demás cosas de la vida. Le conté que me habían sancionado por culpa de algún bruto que había escrito mi nombre en el portón de la escuela con aerosol.

-¿tú no sabes nada de eso? –le dije fríamente. Vi cómo se quedaba helado al oír mi pregunta.

-no –respondió con temblorosa voz.

-¿seguro que no? –replique. Había notado en sus manos pintura del mismo color de aquel escrito.

-no, no sé nada. Deben haberse confundido. –siguió diciendo.

Al otro día, el grafiti ya no estaba más. Aun me pregunto si fueron los de la escuela o fue Fred quien lo borro.

Pero ese lunes me guardaba una sorpresa más. Al entrar a casa sentí un exquisito aroma apetitoso. Yuki se había tomado la molestia en preparar una elaborada cena. Entendí luego de cenas posteriores que en su cultura era una comida importante en el día, no se almorzaba al medio día como en esta parte de América. Había confundido su amabilidad.

He escuchado mujeres mayores decir que lo primero que se debe conquistar en un hombre es el estómago, y aunque no soy hombre, creo que esto es cierto. Una rica comida causa sentimientos muy lindos.

 

 

Logre tener lindos encuentros con Amar, aunque sé que no fue una buena primera impresión creo que de ahora en adelante todo irá bien. Cambiando de tema, luego de mucho esfuerzo, por fin compre mi propia bicicleta. Estuve ahorrando todo este tiempo, o sea, en realidad podría hasta haberme comprado una moto, solo que como le sigo pasando dinero a mi hermano, no he podido juntar más. No sé por qué digo esto, bah, si lo sé, es porque, es que me da un poco de vergüenza ser podre. Note como me vio Amar la primera vez que nos encontramos. Estaba bastante desarreglado y mi ropa no era del todo nueva y presentable. Pero prometo que me esforzares para algún día ser un famoso escritor, y me sobrara el dinero para vestirme bien y comprarle lo que ella quiera.

Quiero confesar algo: Fui yo quien escribió con aerosol en el portón del colegio de Amar. Quería darle una sorpresa. Mi intención verdadera fue escribir nuestros nombres en un corazón grande, pero justo cuando estaba por escribir mi nombre, apareció el sereno y tuve que salir corriendo. Me sentí mal al mentirle, pero pensé que sería más grave si se enteraba que había sido yo el culpable de la sanción que le habían puesto. Espero que no se enoje conmigo.

 

 

El martes, ósea ayer, para que pasara más rápido el tiempo, hasta la hora de ir a la escuela, me puse a limpiar toda mi casa. Luego cuando entre al curso para la primera hora, me lleve una desagradable sorpresa. Samir charlaba muy risueñamente con Gina, parecían una hermosa pareja divirtiéndose. Mi cuerpo no respondió a la razón; como una estúpida, cuando los vi, me detuve en seco y me les quede mirando. Todos notaron mi dramático acto. Me di vueltas y salí por donde entre. Estaba muy enojada, quería que viniera Samir y me aclarara todo lo que estaba sucediendo. Espere en unos de los bancos del pasillo, como cuando uno es pequeño y siente que le hicieron una injusticia, uno espera que un mayor venga a buscarlo para poder explicarle lo que en verdad paso y que este, al entender, se conmueva y luego lo consuele. Pensé cada palabra que le iba a decir, hasta imagine el tono de voz con el que me respondería y me pediría perdón.

El timbre toco y nadie se acordó a mí. Todos el bullicio que inundaba aquel lugar, los chicos corriendo de un lado a otro, las chicas chismoseando, profesores retando a los problemáticos, todo había desaparecido. La escuela estaba completamente en silencio. Los alumnos se encontraban en clases, pero yo había decidido saltarme aquella hora. Necesitaba estar sola y pensar.

Mientras disfrutaba el fresco aire de aquella tarde nublada en la terraza del colegio, alguien me llamo.

-¿puedo hacerte compañía? –dijo Samir

-no deberías estar en clases? –le respondí sin mirarlo directamente.

-creo que no soy el único que debería estar en clases. –contesto.

Con eso me callo. Pudieron haber pasado horas y no lo hubiera notado. Realmente no se en que pensaba, mi cabeza daba vueltas en cosas simples, como en un bello lapacho florecido que se podía ver a lo lejos, o en las nubes cargadas que tapaban el cielo y el sol. No podía ni hablarme a mí misma en mis pensamientos. Me repetía unas palabras: «¿Qué era lo que le iba a decir a Samir? ¿Qué era?». Pero estaba muy contenta de que estuviera conmigo, no hacía falta reclamarle nada. Solo era una caprichosa, y él me consentía. Nos quedamos toda la hora apoyados en la baranda hasta el primer recreo, solo mirando hacia el horizonte.

Cuando salí de la escuela para volver a casa, lo primero que hice fue mirar hacia la vereda de en frente y como lo había prometido, allí estaba Fred esperándome. Al llegar hasta él, con una sonrisa que le desbordaba en su rostro dijo “¿te llevo?”, señalándome una linda bici playera. Como decirlo, fue algo muy, muy enternecedor. Con gusto le dije que sí. Aparte de que tenía un asiento de acompañante que parecía muy cómodo, la forma en que miraba con un orgulloso sano aquella bicicleta nueva, de verdad te contagiaba. Disfrutaba verlo tan feliz. Cuando me llevaba por la ciudad, a una velocidad constante y yo sujeta a su cintura, lo miraba encantada; miraba como se esforzaba paladeando, y pensaba en la gente que cruzábamos, me preguntaban si tal vez nos veían como una pareja. Ah, también recordé que era pesada y no quería abusar de su amabilidad.

El quería que fuéramos a cenar por ahí, pero recordé que Yuki estaba en casa. Antes de despedirnos me dio un manojo de hojas. “Léelo por favor” dijo mientras se retiraba acelerando su bicicleta a toda velocidad, como demostrando su destreza con ella. Cuando llegue a casa, antes de que tocara la puerta, esta se abrió sola. Yuki me saludo con un acto de reverencia en la entrada, invitándome a pasar. Otra vez el ambiente rebosaba de un rico aroma. Yo había dejado limpiando, pero como decirlo, ahora sí que estaba limpia en verdad. Me humillaba como ama de casa. No creí que mi casa pudiera brillar tanto, y eso que siempre le hacía una limpieza denodada, aun así, nunca la había visto tan reluciente. Se había tomado la molestia de limpiar y cocinar una extravagante cena. Una vez sentados en la mesa, yo maravillada, empezamos a charlar. Fue algo así:

-eres muy bueno cocinando ¿Quién te enseño? –dije para romper el hielo.

-qué bueno que le guste. Gracias. He aprendido por mi madre, ella es una excelente cocinera.

-no lo dudo. Soy yo quien debe agradecerte, dejaste la casa reluciente.

-es lo menos que puedo hacer por usted y su padre, ustedes me alojaron –dijo sonrojado-. ¿Ha visto lo que tenía el cofre que le traje? Pe-perdón, no es de mi incumbencia. Discúlpeme, discúlpeme.

-no, está bien –dije rápidamente, para que dejara de agachar su cabeza-. Había hermosas cartas para mí, con fotos de ella junto a papa. También había una hermosísima cadenita de oro y otros objetos que le pertenecían. ¿Me cuentas un poco de mi mamá?

-mi madre me conto que la señora Vera llego cuando yo tenía casi dos años de edad. Era una persona tan hermosa como usted –que digiera esto con tanta naturalidad me ruborizo-, era muy benigna y amable. Ella me enseño a hablar el español. También me enseño a soñar y a esforzarme por lograr lo que me proponga.

-¿tienes algún sueño?

-si señorita. Deseo ser médico.

-¿qué te llevo a querer eso? –cuando pregunte, agacho su cabeza y esquivo mi mirada.

-bueno, el verla enferma a su mama. Yo le prometí que sería el mejor médico del mundo y la curaría –escuchar cómo le cambio el tono de voz me produjo un nudo en la garganta-. Pero ella me hizo prometerle otra cosa.

Se calló repentinamente, mientras jugaba con sus manos.

-¿me lo cuentas? –dije usando mi persuasión femenina.

Levanto su cabeza, me miro con sus ojos alargados, lleno sus pulmones de aire y empezó:

-tenía como diez años. La señora Vera seco mis lágrimas de impotencia, las que tenía por verla postrada en su cama. “Quieres hacer algo por mí?” recuerdo que me pregunto amorosamente. Luego me conto de ti, que vivías al otro lado del mundo. Decía que casi debíamos tener la misma edad y que seguro eras una hermosa niña. Entonces tomándome de la mano me hizo prometerle algo; me hizo prometer que vendría hasta aquí, que me convertiría en un doctor y que cuidaría de ti.

Yo creo que mi padre algo de esto ya sabía. Se llevaban muy bien con Yuki como para no sospechar. Luego seguimos charlando, casi hasta la madrugada. Me dijo que ya tenía un trabajo y que pronto le pagaran alquilaría en otro lugar, pues no quería sernos una molestia. Yo solo le advertí que debía hablar eso con mi papá, y que conociéndolo, no sé si estaría de acuerdo. También me conto que ya había conseguido donde prepararse para rendir el examen de ingreso a la facultad de medicina. No entiendo de dónde saca el tiempo este chico.

 

Hoy desperté al medio día. Me había quedado toda la noche leyendo lo que Fred me había pasado, era una hermosa historia romántica. Apenas si me alcanzo el tiempo para llegar antes de que comenzara la clase. Cada vez notaba más el odio de ellas. Todas las chicas del curso guardaban animosidad contra mí. Inmediatamente sonó la campana del primer recreo, escape de aquellas arpías y sus miradas viles. Me dirigí de nuevo a la terraza, guardaba la esperanza de que me volviera a encontrar allí con Samir. Pero paso apenas un minuto cuando una chica, de segundo o tercer año creo yo, me llamo alarmada. “Ven, apúrate, se van a pelear” dijo arrastrándome. Una chispa de adrenalina recorrió mi cuerpo. Lo que se me cruzaba en la cabeza me preocupaba y a la vez me emocionaba. Acelere el paso, casi hasta correr, siguiendo a aquella chica.

En la parte de atrás del colegio hay una cancha en donde se practican las disciplinas deportivas de la materia educación física. Había un gran grupo de chicos vociferando todo tipo de palabrotas. Me hice espacio metiéndome entre la multitud para poder ver lo que sucedía. Allí se encontraban Jack con Samir en una riña. No entendía por qué discutían, pero parecía que en cualquier momento recurrirían a la violencia física. Quise acercarme más para disipar los ánimos y escuchar a que se debía aquel pleito, pero un profesor se me adelanto. Ensordeció mi oído izquierdo de un pitido con su silbato, con eso todo el mundo se dispersó por todas partes. Ambos fueron llevados a dirección. Cuando me cruzaron, escoltados por el profesor, note que se apenaron y desviaron la mirada. Luego puede saber por aquella chica, que la pelea la había comenzado Jack, y que cuando ella oyó que me mencionaban, salió corriendo a buscarme.

Los ignore durante todo el día, ni siquiera los volví a mirar. A la salida estaba Fred, esperándome en la vereda de enfrente para llevarme a casa. Cuando estábamos por partir, recordé que debía pedirle una fotocopia a una profesora, con lo que le pedí que me acompañara a buscarla adentro de la escuela. Cruzamos la calle y Fred dejo su bici en el estacionamiento de la escuela. Cuando ya estábamos en la puerta para salir, escuchamos un crujido de neumáticos y hierro rayarse contra el asfalto. Se me abatió el alma, sabía que algo le había pasado a aquella bicicleta. Corrimos al aparcamiento, y como supuse, estaba destrozada debajo de un flamante auto. “Cómo vas a dejar tu bicicleta en cualquier lado” gritaron desde adentro del vehículo. Jack bajo furioso del coche, pero al ver que éramos nosotros, se le cambió drásticamente el talante. Fred miraba su bicicleta aturdido, no reaccionaba. “Discúlpame” fue lo único que dijo Jack, para luego marcharse a gran velocidad en su auto. Mientras que Fred parecía seguir shokeado. Sin decir ni una sola palabra revisaba lo que había quedado de la bici: pasaba su mano por el manubrio (todo torcido), el chasis (partido al medio), el asiento (lo único sano) y las ruedas (todas descentradas).

Volví a casa caminando, luego de dejarlo a Fred lamentándose en silencio y abrazando aquellos fierros. Cuando entre a casa todo estaba cerrado y oscuro. Prepare un té, porque estaba hambrienta y un poco conmocionada. No había señales de Yuki. Todo estaba silencioso, pero esto no me preocupaba, pues estaba acostumbrada a estar sola en casa. Más o menos a la hora, apareció Yuki, tenía los ojos colorados y más cerrados que de costumbre, se notaba que había estado llorando. Me pidió disculpas y dijo que enseguida prepararía la cena para mí, puesto que él no tenía apetito. Le dije que no se preocupara y que me contara que le había sucedido.

-mi tortuga murió –dijo gimoteando.

-¿tu tortuga? no sabía que tenías una. –conteste sorprendida.

-la traje conmigo desde Japón. La tenia oculta pues no sabía si a ustedes les gustaría tener un animal en casa. –lo interrumpí diciéndole que yo amo a los animales.

Luego me explico que la tortuga había ingerido un jabón que estaba en el jardín. «Esa había sido yo» Siempre dejaba todo las cosas tiradas por cualquier parte; y a los jabones, cuando quedaban pequeñitos, los tiraba por la ventana del baño. Lo vi muy triste y cansado, así que lo mande a dormir y le dije que no se preocupara por mí.

 

Esta noche sucedió algo muy importante para mi vida. Papá llamo desde su trabajo, me había conseguido una pasantía en el extranjero. Con posibilidades, si me esforzaba, de conseguir una beca; podía terminar la secundaria allí, y entrar a una importante universidad, donde podría estudiar la carrera de veterinaria, la que tanto quería de niña. Recordé como me apasionaban los animales cuando era pequeña, mejor dicho, aun me apasionan. Mi padre quería una respuesta ya; decía que si aceptaba, enseguida se pondría a organizar todo y en unas semanas ya estaría viajando. Estaba muy entusiasmado. Pero le pedí que esperara, indicándole que yo lo llamaría para darle la respuesta. Lo tenía que consultar con la almohada dije.

Pero ahora aquí estoy, sin poder dormir. Las lágrimas inundan de mis ojos. ¿Debería aceptar? Tengo que decidir algo muy importante para mí. He estado pensando que esta es una gran oportunidad, la que no podría desperdiciar. Pero estos últimos días han sido muy intensos. Antes, ante una posibilidad como esta no lo hubiera pensado dos veces, pero ahora estoy dudando que hacer. Mi vida cambio rotundamente este tiempo, pero algo que si no ha cambiado, es que las personas que quiero sufren. Creí que ya no sería así, me quise convencer de ello, pero el día de hoy me hizo notar que aun no puedo hacer feliz a alguien. Todos ellos tienen sus sueños que cumplir, y yo también tengo uno, ¡sí!, lo tengo y me esforzare por lograrlo.

-papá, acepto…

Fin

Powered by Bullraider.com

Busqueda Web

Búsqueda personalizada

Busqueda solo en editorialrove.com

Loading

Busqueda en toda la web, con especial atención en España.

Ask.com España