UN LAGO PARA EL DESAMOR

A veces amar no es suficiente, y cuando contemplas la traición enfrente de ti no puedes si quiera creerlo, simplemente lo niegas hasta que la oscuridad te noquea.
En serio pensé que las cosas podrían mejorar algún día, pero, no resisto, no puedo seguir viviendo al lado de mi esposo fiel, romántico y adinerado, un hombre de éxito que me demuestra cuánto me quiere complaciéndome absolutamente en todo. Cada semana me regala una joya valiosa en nuestro hogar, una casa lujosa en donde tengo demasiada ropa como zapatos que pueden ser más que suficientes para llenar unos dos centros comerciales, también cuento con mi propio auto deportivo e incluso me satisface con buen sexo. Sin embargo, y a pesar de que solamente tenemos dos años de diferencia… Andrés y yo no encajamos, somos muy diferentes; él es bueno y aún así, nunca conseguí amarle realmente.
En cuanto a mis intentos para obligarme a quererlo fueron en vano, ya frustrada y sin saber qué hacer tras un año de casados, finalmente me enamoré de alguien más. Se trata de un amante dos años menor llamado Rogelio; fue entonces cuando desapareció mi esposo.
Fue mi culpa, lo sé, por convencerlo de irnos de viaje a un determinado lugar que en realidad era esplendido, el cielo en esas hectáreas naturales se tornaba claro, despejado, mientras que los árboles susurraban con la brisa: Andrés, no hay nadie a kilómetros.No obstante el pobre, completamente cegado por sus sentimientos hacia mí me siguió como un perro confiado al que llevan a dormir por siempre. Soy culpable, lo sé.
Tomé mi bolso de cuero negro y, caminamos sujetándonos de las manos por el puente de madera que albergaba la atracción del sitio, un lago de aguas calmadas y cristalinas. Un movimiento y Andrés cayó arrodillado, vi en sus ojos el asombro, la incredulidad junto con la extinción de su amor por el resto de su vida, algo literal, pensé luego de retirar la aguja de la inyectadora de su cuello, la cual segundos antes había contenido una efectiva droga para hacer las cosas fáciles y sin complicaciones; una soga, jamás aprendí cómo atar nada, pero me las ingenié, y, con mucho esfuerzo lo pude lanzar a las profundidades del lago justo con el sol ocultándose, un atardecer violento; sabía que las rocas que le até a su cuerpo le hundirían quitándole la vida, no lo pude evitar, mis lagrimas surgieron junto con temblores inesperados. Por lo que no miré hacia atrás, subí al auto exhausta y me dirigí de vuelta a la ciudad llorando durante todo el trayecto. Unos días más tarde notifiqué su supuesta desaparición, fue una suerte que los policías resultaron ser idiotas, ninguno dudó de mi papel de esposa perfecta. Nadie sospechó, era increíble que no sospecharan de mí.
Al pasar siete meses lo dieron por muerto.
Lloré, le hice un funeral y luego corrí a los brazos de Rogelio, quien no posee conocimiento alguno de lo que hice. Es una oscuridad que no puedo compartir, además ahora mismo estamos de camino a un lago para divertirnos. Admito que no me agrada la idea, sin embargo, ¿a qué debo temer?
Escarlett, una criatura en apariencia dulce y tierna, se durmió durante la última parte del trayecto en el viaje por carretera; al despertarse ya se hallaba en el sorpresivo sitio. Un lago inmenso que se extendía ante sus ojos color café; en efecto no era aquel del incidente fúnebre. Saliendo del auto notó que Rogelio acababa de terminar de armar una carpa, el cual le comentó al verla que estaba a punto de llamarla. Se besaron con pasión, no había nadie por los alrededores ni por el bosque, el silencio era tranquilizante. Ingresaron pronto al agua para divertirse teniendo relaciones al aire libre, luego almorzaron deliciosa comida, bebieron vino, y, al finalizar de reposar regresaron a nadar, dos amantes que planeaban de seguro casarse, o al menos eso lo deseaba ella. Así que Escarlett siempre fue desalmada, bueno, por ello concluí que debía volver. Su cuerpo, su risa y su vida; se hundirían.
La tarde terminaba con sombras y colores que iban de dorado a rojizo por el sol que se ocultaba. En eso repentinamente el silencio se fracturó con el ruido de pájaros oscurecidos, y esa mirada vivaz de ella me alcanzó al mirar entre sus juegos por puro reflejo o coincidencia, captando una imagen que seguramente escapaba de su imaginación más retorcida. Se quedó inmóvil.
Una figura espeluznante, con la piel amoratada y envuelta en una soga me observaba con ojos blancos, vacíos y vidriosos, llenos de ira, muertos pero con fijeza. Era…
Escarlett se sumergió sin querer en las aguas, no pudo flotar bien por unos segundos dado a la impresión que le causó observar la quimera que soy, no se trataba de una alucinación por la culpa, mas tal y como creí al salir a flote chilló sin contenerse:
¡¡NO; estás muerto, MUERTO…!!
Y fue en ese corto instante en el que perdió a su amado Rogelio, ya no lo hallaría allí. No lo busques a tu alrededor. Es una perdida de tiempo. Será mejor que te busqué y te lleve de una vez conmigo.
No lo podía ver, Rogelio no estaba, y de repente intentando enfocar al espectro de Andrés, tampoco lo vi. Aterrada decidí sumergirme creyendo que quizás Rogelio se estuviera ahogando. Un intervalo después me congeló una escena demencial, mi mente se paralizó junto con mis huesos, sangre y nervios. Fui incapaz de reaccionar. El cadáver de Andrés nadaba a una velocidad sobrehumana a 40 metros de distancia; fue por mis pulmones al gritar que me movilicé a emerger e intentar llegar a la orilla, a tierra firme, nadaba ejecutando brazadas descontroladas, nadé y nadé con todas mis fuerzas. No obstante, no tardó en poner sus manos muertas sobre mí.Él había venido a llevarme por lo que le hice. Lo sabía.
— Esc…Escar… Escarlett…— fue un susurró siniestro al oído y parecía estar saturado de agua hasta la garganta.
Una vez que le alcancé y le susurré su nombre, cerró los ojos temblando de pavor y, hacía rato que lágrimas brotaban sin cesar recorriendo su rostro. Ahora sólo quiero que duermas, Escarlett, sólo duerme por el momento.
No pude evitarlo, percibía su hambre brutal por venganza, así que mi conciencia simplemente se desvaneció.
— Escarlett, amor. Vamos, hemos llegado. Despierta, cariño.
— ¿Rogelio? — la voz era distinta, no era de él —. ¿A-Andrés?
— Por supuesto, venga abre los ojos.
Mi pulso acelerado me indicó que no estaba muerta. Así que los abrí.
Su vacilación resultaba razonable, porque su ropa, el lugar, hasta el auto y su bolso, el de cuero negro ya listo para deshacerse de mí; le harían creer que todo había sido un sueño o una pesadilla. A tal punto se halló consternada que dejó su bolso.
Andrés me observaba, se veía vivo, saludable, normal con sus ojos castaños, cabello oscuro y estatura alta. Cómo había considerado asesinarle en vez de simplemente divorciarme.
¿Se arrepentía? Desde luego que sí. Al acercárseme nos besamos, y, a pesar de que fue un beso indiferente no se preocupó; aquí estamos de nuevo, mi desalmada. Caminando con nuestras manos sujetadas dando un paso tras otro por el puente de madera para contemplar las aguas calmadas de ese lago cristalino. Pero, ¿lo notaste? Hay una soga colocada en la última tabla, es bastante visible, lo inquietante de percibir que cierta cuestión está mal es no saber qué hacer de inmediato.
Mi cuerpo se tensó, una soga mohosa sujetaba algo al final del otro extremo; empezaba a sudar esperando el momento, sé que va a intentar asesinarme.
— ¿En qué piensará mi amada esposa Escarlett?
— E-En nada — respondí apenas con voz audible.
— Oh, ¿en serio? Porque sé que lo sabes.
— No… no sé de qué…
— ¡Vamos! Ambos sabemos. Sabes que vine por ti.
— No… por favor, Andrés…
— ¿NO, POR FAVOR? ¡¿ES ÉSA TU SUPLICA?!
Con rapidez tomé la soga y tiré de ella, dos, cuatro, siete veces para sacar un cadáver que surgió del fondo de la marisma, como si fuera un gran pez.
Cuando lo vi tirar de la soga no supe qué hacer, pero al ver que era una persona y que era Rogelio, me quebré, no podía procesarlo.
Escarlett se derrumbó arrodillándose, no podía correr ni sostenerse en pie. Su amante había muerto por su culpa en las aguas de un lago para el desamor.
— ¿Por qué? — preguntó destrozada.
— Oh, es que… como sigues siendo mi esposa… es lógico que lo eliminara.
Escarlett no supo cómo ni cuándo su acabado Rogelio enfocó la mirada en ella, parecía cosa de en un parpadeo, y su mirada fría hizo que los vellos de sus brazos se erizaran al comprender que la situación no podía ser peor.
Trap, trap, trap. Resonaron las articulaciones del causante que la llevó a querer asesinarme cuando buscó apoyarse sobre las tablas del puente, no podía levantarse, acción que sustituyó por arrastrarse.
— ¡Esc…Escarlett…! — de la boca de Rogelio a medida que hablaba no solamente comenzó a salirle agua, sino sangre espesa, fétida. Sus ojos azules desorbitados, enloquecidos —. Escarlett, eres culpable. ¡CULPABLE! Me condenaste…
— No… Dios, no… — Inmovilizada por la impresión también se arrastró hasta que consiguió sobreponerse. Fue muy divertido verla así.
— No escaparás. Pero anda… corre. ¡CORRE! — rugí sin compasión.
El cabello dorado y ondulado de la pobre mujer se distinguía en el verdor del bosque, no llegaría lejos y ni pensar en usar el auto, eso sería una gran estupidez. Pero precisamente se dirigió a éste con la esperanza de huir.
— ENCIENDE, ENCIEDE — rogaba temblando.
No arrancó, ni siquiera vibró. Muerto, el motor se hallaba muerto. A la desesperada se lanzó al bosque imitando a una flecha, fácil de rastrear, de seguir. Mi voz amplificándose cada vez más y más le atormentaría, ya que el sonido era bestial, se acercaba la hora y no había escapatoria. En su carrera Escarlett me divisaría nuevamente en forma de espectro, me vería multiplicado o apareciendo en cada dirección que pensara tomar. Enloquecía, su cabeza iba a estallar, ¿o primero se detendría su corazón?
Árboles y sombras, risas dementes, siniestras me perseguían en esta supiesta madrugada como de manera eterna. Mis zapatos lujosos terminaron en el olvido, ahora mis pies sangraban y me dolía. Aún con todo continué sin detenerme hasta que prácticamente caí en los brazos de mi verdugo sediento de venganza. Andrés se veía casi normal excepto por su ira.
Un segundo beso no era suficiente. Una confesión. Debía confesar. “Confiesa”, le exigé a la mujer a la cual le entregué todo, incluso mi amor y ahora mi odio.
— Dime ahora lo que hiciste, dímelo.
Un largo silencio se produjo en el bosque, únicamente se oían nuestras respiraciones entrecortadas por la fuerte brisa que batía las ramas de los árboles.
— Bien… lo haré, lo haré… — finalmente se condenó.
Era penoso ver el estado en que se hallaba.
— L-lo siento... yo creí… creí que algún día te amaría, pero nunca sucedió. Lo siento Andrés, te quité la vida… lo siento mucho.
— No hay nada que sentir, me acabaste… A tu esposo que nada malo te hizo.
— ¡Lo sé! ¡Sé que eras un buen hombre, como pocos, un esposo perfecto! Sin embargo me enamoré de Rogelio. Fue por amor…
— ¿Por amor? ¡¡En ese lago cristalino, ahogaste todo el amor que tenía y lo convertiste en puro odio, en puro desamor!!
— ¡Déjame en Paz! — gritó convirtiéndose de nuevo en flecha.
Sus pasos se apresuraron al ver a 100 metros de camino un claro, y, más allá una carretera. Sirenas a lo lejos sonaban. Escarlett pisó el asfalto deteniéndose en seco; 20 espectros monstruosos estaban al otro lado de la vía junto con el rubio cadáver de Rogelio.
En la vida hay que tener cuidado con lo que se siembra, pues si son frutos beneficiosos o dañinos depende de nuestras acciones, siempre se debe tener en cuenta que recibiremos exactamente lo que cosechemos. No existe injusticia que no reciba castigo. O al menos eso dicen.
Los 20 seres que en apariencia eran espectrales se quitaron el maquillaje, las máscaras y todo lo empleado para verse casi iguales y muy aterradores; en cuanto a Rogelio, también dejó de actuar.
El dinero que invertí fue descomunal, no obstante para que una treta como ésta se diera, era necesario. Cabe resaltar que una buena parte quedó en manos del cerdo ambicioso de Rogelio para que accediera a participar. Y, fue gracias a una simple grabación que logré enviarla a la oscuridad de una celda en una prisión miserable donde pasará años sufriendo por una ilusión de amor.
Las patrullas de policías llegaron apoderándose de la zona, pronto los oficiales se acercaron a Escarlett para apresarla. Ellos sabían los detalles de todo lo sucedido por una llamada anticipada que les hice, por lo que era el principio de su castigo, del encierro. Cómo sobreviví a su intento de asesinato, bueno, fue por la soga que no supo emplear, así que las rocas se hundieron en el fondo y pude flotar y nadar hasta la orilla; entonces cuando los efectos de la droga iniciaron a desaparecer, abandoné mi supuesta tumba y me oculté en una propiedad que adquirí hacía mucho tiempo. Allí planeé el mejor castigo que se merecía esta desalmada mujer.
Acercándome a ella para enseñarle la grabación, vi con sorpresa que negaba y sonreía sentada en la parte posterior de una de las patrullas con esposas en sus manos; era definitivo, nuestra relación se había terminado.
3 años de sentencia me impuso el juez que me juzgó por intento de homicidio.
Han pasado dos años desde que fui denunciada por mi esposo, al cual intenté asesinar. Me equivoqué, en general las personas nos equivocamos bastante, todavía me faltan 365 días para que Andrés deje de mandarme sus cartas horribles aunque un tanto divertidas que en cierta medida me atormentan y en cierta medida me hacen reír. Es triste, se ha vuelto a casar después de nuestro divorcio, esa es la noticia de su carta número 807 con detalles maliciosos sobre su noche de bodas.
Ahora duerme con un revolver que apunta directamente a la cabeza de su nueva esposa y que oculta bajo la almohada.
Entretanto el imbécil de Rogelio se ha gastado todo su dinero ganado por traicionarme. Y, bueno, ya he aprendido a utilizar una soga, cómo amarrar y hacer nudos. Además admito que lo que hice estuvo mal, espero regresar pronto restituida como una ciudadana que puede mejorar en verdad.
Contesta de la carta 1007: Días, semanas y meses se esfumaron de prisa, al fin mi añorada libertad ocurrirá hoy. Por lo cual esto es lo último que te escribo Andrés, hasta nunca. Cuídate.
Busqué un departamento en una pequeña ciudad, me compré ropa y lo que necesitaba para continuar con mi vida, utilicé el dinero que obtuve con el divorcio, que era suficiente para mantenerme. Viviendo sin hacer ruido.
Y, fue en una madrugada con bruma que me encontré de vuelta en frente de ese lago con dos hombres que se hallaban atados con sogas a unas pesas y que tenían cinta adhesiva en la boca. Permanecían inconcientes, mas ya se despertarían para descubrir que su Escarlett los había traído a pescar.
Todo es pacífico aquí. Estoy en deuda por realizar esta hazaña, y todo se logró gracias a la nueva esposa de Andrés, quien prácticamente me buscó y terminó planeando cada paso de lo que haríamos. Es minuciosa y parece inestable. Sin embargo el verlos sufrir valdrá la pena, y claro, no pensamos asesinarlos. Simplemente les daremos una lección que hará que sus rostros entren en pánico antes de marcharnos del país cada una por su cuenta…
Dos semanas después se publicó tanto en el periódico como por televisión, una noticia impresionante: fueron encontrados tres cuerpos en un lago. Los investigadores concluyeron que fue por motivos de venganza. Acusando a Escarlett de asesinato y suicidio. Según la teoría, les disparó a los dos hombres justo en la frente y luego de un disparo atravesó su cráneo empleando un revolver robado que pertenecía a su ex-marido Andrés de la Roca.
En otras noticias: La viuda Margaret de la Roca, desolada y abatida, hace donativos a distintas organizaciones de caridad…






