LA COLECCIONISTA DE BESOS

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la coleccionista de besos

Camila aún encontró motivos para mostrar el rostro sonriente del éxito.

La trama de esta novela, podría tener toda la veracidad que radica en mi corazón, que posteriormente, hube de postergar cuando al analizarla como un todo fui capaz de evaluar su técnica psicologista, reveladora de los diversos trances en la vida de una niña de grandiosa inteligencia, que se hizo profesional y madre, opacando sus verdaderos sueños y deseo de mujer apasionada. Sin embargo el desenlace, a mi juicio queda abierto en la espera de una mejor respuesta del futuro.

A la par de la vida de Camila, se aprecia el trasfondo de hermosos cuadros del ambiente familiar, estudiantil y geográfico. Igualmente, hay un despliegue de críticas a ciertos antivalores como el machismo, el mal uso de la droga y el ultraje sexual. Siendo un poco audaz, me atrevería a afirmar que el personaje Camila â??a pesar de lo que pudieran verse como fracasos- es optimista ante las dificultades y un gran ejemplo de valores humanos.

Yo conocí a la verdadera Camila (cuyo nombre en la obra es ficticio) en Bogotá y desde ese día no he podido olvidarme de ella. Fue una excelente compañera de trabajo, juntos compartimos experiencias y aprendimos mucho en el campo de la Dialectologí­a. Tenía, para entonces, 40 años de edad, es Profesora de Castellano, Especialista en Dialectos, Magíster en Gerencia Educativa y Doctora en Psicolingui­stica; pero podrí­a asegurar que su verdadera maestría radica en su sonrisa.

Me impactó desde que vi su foto y me siguió impactando al verla bajar por las escaleras del avión; también al sentarse a mi lado, al explicarme sus hipótesis, al fruncir el seño y al darme aquella mitad de beso unida a la mitad del mío. Porque llegamos a besarnos, pero, luego se marchó a su país, dejándome sumido en un gran desconsuelo que me ocasionó una depresión tan grande como cuando murió mi esposa.

A los veinte días de su regreso a Venezuela, mi depresión dio un vuelco porque ella me escribió un email, ya que había tenido la previsión de copiar mi dirección electrónica. De esa manera, pude dar con ella y desde entonces somos los mejores amigos virtuales del mundo. A veces pierdo las esperanzas de que ella me acepte como su pareja, pero otras, la idea de que pueda llegar a ser mi esposa renace entre mis sueños.


Camila es culta, profesional, amable, hermosa, divorciada desde hace dos décadas y nunca volvió a casarse. En su alma no hay maldad ni rencor, a pesar de que a los veintiún años recién graduada de profesora, fue engañada por un amigo?? que de alguna manera le hizo ingerir cierto estupefaciente, con la finalidad de ultrajarla sexualmente mientras estaba inconsciente. Así de esa manera vil, ella perdió su virginidad. No sé qué clase de droga pudo darle ese canalla, algún tipo de burundanga que la llevá a asumir su verguenza y su dolor de una manera callada.

Prosiguió una especie de autocastigo al caminar mansamente al patíbulo, casándose en el registro civil con su propio violador. Vivió infernales días y noches, en las cuales jamás pudo disfrutar el coito sexual y mucho menos de algún orgasmo. Involuntariamente ella lo culpaba de no poder albergar un suave recuerdo de a su primera vez, ni de una hermosa boda vestida de blanco en una Iglesia llena de flores y de gente.

A los dos años, luego de soportar la humillación lujuriosa y una serie de maltratos físico-emocionales, ella reaccioná: huyé de su casa; lo demandá por injuria corporal y psicológica; ganá el pleito y quedó divorciada. Desde entonces sólo se dedicá a trabajar, cada vez con más ahí­nco, su profesión docente, mientras seguía estudiando y preparándose, tal como si quisiera calmar una inmensa sed intelectual e investigativa. Por eso llegó a mi Colombia, por eso yo trabajó con ella por quince días, por eso yo la conozco, por eso yo la amo.

Un dí­a, a manera de desahogo, mientras coincidimos en un campamento vacacional, en la ciudad de Los Teques â?? Venezuela, comencé a relatar esta historia a mi colega Milagros Hernández; durante los seis días que estuvimos recreándonos, se convirtió en mi confidente. Luego ella me pidió autorización para plasmar la trama en una novela; también obtuvo el consentimiento y otras informaciones de la misma Camila. El resto de la historia fue completada, en base a investigaciones de la escritora y a su habilidad para construir la trama.

Cuando el borrador llegó a mis manos, por el honor de haber sido escogido para hacer el prólogo, mi corazón saltó de emoción. Y cuando las líneas pasaban por mis ojos, éstos se atiborraban de lágrimas, ante la aceptación de que actualmente continúo viviendo con Camila, un amor ií­lico reciclado en amistad.

Raúl Lácum
Linguista y escritor colombiano



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Miércoles, Septiembre 20, 2017

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