Teoría de la libertad

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TEORÍA DE LA LIBERTAD

Todas estas preguntas que me transitan nacen, aunque parezca difícil de creer, del tiempo y, más específicamente, del tiempo libre. Noto que a muchas personas parecería dolerles estar relajados, sin hacer nada. La sensación es que necesitan estar activos para ocupar su tiempo en algo productivo, en algo que genere valor. “El tiempo es dinero”, frase célebre que viene a mi ayuda. Y con valor no me refiero al valor inmediato, puede ser un medio para conseguir algo. Pero necesariamente debe ser productivo, sino existe la sensación de la pérdida de tiempo. De estar parado, detenido o frenado. Entonces se genera una pregunta, ¿si la sensación de pérdida de tiempo, de freno absoluto es algo indeseable; el movimiento es lo deseable? Movimiento para un fin, para no sentirnos nada. Para ser. Entonces nosotros mismos no somos porque sí. Somos porque estamos en un movimiento productivo, un movimiento que nos da una razón para ocupar nuestra existencia en este planeta. Somos humanos, nos reconocemos pares, porque podemos producir. Podemos generar valor, riqueza, ingresos. Podemos comprar cosas y darnos “gustos”, podemos viajar una cantidad limitada de días, conocer lugares predeterminados para gastar esa cuantía, ese valor que conseguimos usando nuestro tiempo de vida. Y en ese momento pareceríamos ser libres, recorriendo el mundo basados en el fruto de nuestro trabajo, de nuestro movimiento productivo, que nos constituye.

Hasta ahí fue fácil. El problema es que eso no sacia nuestra sed. Trabajar 8 horas para conseguir una casa, un auto, para casarse y tener hijos, para verlos crecer y envejecer con la pareja que supimos adecuada, sin ningún tipo de dudas ni de contradicciones. O ser tu propio jefe, manejar tus horarios, pero que se deben acomodar al mercado para poder competir y generar demanda de lo que uno ofrece, sea producto o servicio. O tener la suerte de haber nacido rico, poder vivir sin trabajar y disfrutando de todos los placeres que la vida y el dinero le pueden otorgar a un ser humano. O tener la mala suerte de haber nacido sumido en la pobreza, de tener que luchar para sobrevivir en un mundo que trata de disimular esa parte, extraños que no existen dentro de su órbita.

Vamos a detenernos en los antagonistas por excelencia: Las clases sociales. Los estratos sociales responden a una idea de ese sector de la sociedad, con una forma estereotípica. Responden a la cultura generada por el sector, se retroalimentan entre los individuos que los forman y responden a las reglas dictaminadas por ellos mismos para su grupo social. La Superclase, se mide a sí misma por mayor cantidad y lujo en sus posesiones. La Pobreclase se mide a sí misma por su habilidad de sacar el mayor provecho de las pocas oportunidades que el sistema les da, y por sus posesiones. Ahora agreguemos a los otros dos estratos: La Clase Empresarial es la más cercana a la Superclase, es la que ambiciona ser parte y la que se esfuerza para ello. La Clase Empresarial posee un capital considerable, es dueña de pequeñas y medianas empresas que generan un buen ingreso, pero no lo suficiente para los gustos más altos de la elite. La Clase Obrera es la más cercana a la Pobreclase, aunque desee desesperadamente no serlo. Ambiciona ser parte de la clase empresarial y pone su esfuerzo en eso, pero depende de los vaivenes y caprichos del mercado y de la sociedad, donde todos confluimos, sin importar de qué clase seamos.

Todos los estratos de la sociedad ambicionan con tener más. Con ser más. Recordemos por un momento la idea del movimiento productivo para ser y tratemos de aplicarla en todos los estratos.

· La Pobreclase: En este estrato, el movimiento para el ser parecería estar aletargado, en latencia. Dada la condición de externos al sistema, su capacidad de producir es limitada porque carecen de la especialización que el mercado requiere para poder ser parte de sí, entonces están supeditados a trabajos mal y poco remunerados, que los ayudan a sobrevivir pero no a aspirar a subir de estrato social; así como también están vinculados a todo tipo de asistencia social posible por parte del estado. ¿Cómo podrían considerarse a sí mismos personas, humanos, si su movimiento para el ser está detenido? ¿Cómo considerarse personas si dependen de la caridad para sobrevivir? ¿Se puede mantener a una clase social en la constante marginalidad y no esperar violencia? ¿Puede alguien respetar la vida humana si su vida no es valorada, cuando él mismo no tiene conciencia del ser porque su movimiento para el ser esta completamente frenado? ¿Y como hace el resto de la sociedad, para considerarlo un par? ¿O siquiera humano?

· La Clase Obrera: Con el fantasma de ser pobres pisándoles los talones y el horizonte en ser empresarios, la clase obrera se enfrenta más que ninguna otra a los cambios del mercado y de los gustos de la sociedad, o mejor dicho, del sistema que la estructura. Sistema que se actualiza a sí mismo constantemente, que se reinventa para no estancarse, para darse nuevas formas de poder en las nuevas reglas que establece, requerimientos que demandan nuevas y constantes formas de actualización de la mano de obra. Aquellos que pueden seguir el tranco, que encuentran ese lugar, esa brecha en el mercado, tienen la posibilidad de ascender. Aquellos que se quedan atrás, van decayendo más y más hasta terminar cerca de un límite muy fino entre el ser obrero y el ser pobre. En este caso el movimiento productivo para el ser está siempre sugestionado a las necesidades y deudas que el estrato se genera a sí mismo para diferenciarse de esa clase pobre a la que desesperadamente quiere no pertenecer, entonces todo o casi todo lo que genera termina postrado ante esa voracidad de consumo.

· La Clase Empresarial: Tanto como la obrera, está supeditada a las exigencias del mercado, aunque su capacidad de generar productos o servicios a partir de la mano de obra, hace que siempre los primeros afectados ante los cambios de requerimientos o las actualizaciones sean los empleados. Aquí ya el movimiento productivo para el ser cambia de forma, no es parte activa en la modificación, creación o elaboración del producto o servicio que se ofrece, sino que se dedica más a la administración de los bienes y empleados, y de la incursión en el mercado de los mismos. El nivel de los gustos deseados se eleva con la disponibilidad de mayor cantidad de dinero. A mayor capacidad de generar dinero, este estrato refina los objetos de sus deseos, trata de generar cultura propia y pasa a mostrarse más que la clase obrera no solo en capital monetario, sino intelectual. Esta clase tiene conciencia de que se encuentra más cerca de la superclase a nivel intelectual y recae en eso para marcar otra diferencia con sus antecesores, un grado de acercamiento mayor con el estrato siguiente, aunque esté a un nivel inalcanzable.

· La Superclase: Es la minoría que se encuentra a cargo de las grandes corporaciones a nivel mundial. Son los que ostentan el poder del dinero y, por consiguiente, el poder del mercado. De ellos nacen las nuevas tendencias que marcan el compás ante el cual todo el resto del mundo se mueve. Son los dueños de las actualizaciones, los diagramadores de la riqueza y la pobreza mediante sus operaciones. En este caso el movimiento productivo para el ser se estanca, ya que la multiplicidad de sus posesiones generan por ellos el producto del cual ellos reciben sólo su beneficio. Esto podría ser considerado el mejor escenario del que mencionamos, pero La superclase también tiene sus reglas, sus excluidos e incluidos dentro del mismísimo estrato. Ricos siendo discriminados por ricos más ricos, poderosos midiendo el alcance de sus decisiones. Y en medio de ellos el fantasma del no ser. La posibilidad concreta de alejarse de su humanidad al estancarse en ese pantano beneficios que no asegura el goce de los mismos. La pregunta con este estrato sería: ¿Qué desear, cuando toda ocurrencia o deseo puede satisfacerse? Siguiendo con el hilvanado de pensamientos, cada estrato se enfrenta a su propia capacidad de movimiento productivo para ser. Pero esto es nada más que una mirada por sobre el hombro de la sociedad de hoy. El problema del disfrute del ocio, del tiempo libre supeditado a la necesidad de producir para sentirse en movimiento es algo que choca contra las realidades en cada sector, en cada hogar casa o persona: cada mundo, individual y grupal. Basta con ver las muestras de fanatismo por el futbol, por los sectores políticos, por cantantes, actores o cualquier persona famosa; basta con notar la proliferación de los distintos tipos de droga para ver los desastres que genera en la persona el estancamiento del movimiento productivo para el ser.  

Sentirse desolado, vacío, con esa sed de “algo” que no se sabe bien qué es, es lo que genera esas distintas formas de expresión de deseos reprimidos. Deseos de apartarse de la realidad de no ser, para ser parte de algo más grande, de una masa unida que unida, es mucho más grande que un individuo sólo frente al mundo. En ese pequeño instante en el que las personas dejan de ser extraños porque algo más grande que ellos mismos los une, se liberan de la dependencia del movimiento productivo para ser, y pasan a ser por ser partes de algo mucho más grande. La droga no es sólo una forma de evadir la realidad, es una cultura que se multiplica en todos los estratos y se vuelve una manera de unión, de hacer confluir a un mismo plano a cualquier persona de cualquier estrato, es una forma de igualar. Y en esa igualdad o en esa evasión de la realidad, se encuentra esa libertad momentánea. En un recital multitudinario o en un estadio repleto, la persona a tu lado se convierte no sólo en un compañero, sino en un parte viva más de un engranaje mucho mayor y es ante esa reacción, ante esa igualdad de sentimientos en la que se encuentra esa libertad momentánea. Ese héroe, actor o cantante, convocador de masas, uno por fuerza propia frente al mundo, individuo que sobresale del resto, genera idolatría por el deseo propio de ser igual, de asemejarse, de compartir un instante de esa sensación de libertad individual. ¿Por qué, entonces, es momentánea esa sensación de libertad?

 

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Martes, Junio 19, 2018

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