Historia perdida en un pantano

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historia perdida en un pantano

 

Un desafío. Un monumental desafío de dos cuerpos espécimen totalmente ocultos. Estaban tan unidos que hacían un vientre, una rivalidad de hermandad. Íntegramente la humanidad desproporcionada se situaba en un recinto eclipsado donde estallaba la oscuridad. Los espécimen vestían de astro. Cuando despertaron en la vegetación, lentamente desenredaron cada hoja unida a ellos, verdaderamente opacas sin ánimo a la vida. La tierra era un continente ausente de arco iris y mezquino de luz.

Pronto la libertad estaba limitada, un desafío era romperla, los pequeños parpados abiertos eran vanos en el amanecer, sus pupilas no distinguían el miedo y las personas.

Ellos estaban en el mar ocultos enceguecidos en una selva vital. Negaban mostrar sus magníficos vapores de poderes en grietas que la naturaleza en servidumbre escondía.

Hacia añadas que el hábitat había sido atado por las cadenas de un eclipse rutinario. Pero la madre sabía que siempre había tiempo y algún día los acordes de la salvación llegarían desprovistamente. La falacia hacia su recorrido en tiempos que los entes sabían quienes realmente eran, sabían de su identidad. Era inmenso el muro, era inmenso el temblor de oscuridad que en corto tiempo todo acabaría. Los astros eran leales con el cosmos desde que existió la existencia. Solamente necesitaban la comprensión del tiempo para actuar.

 

-¡Ahí están, ahí están!- Dijo un sufrido señalando con el dedo.

 

Y la materna naturaleza debió soplarle entendimiento para que no hablara. Cuando la falacia salía al recinto que se aproximaba a un tugurio cada día mas, los individuos se arrodillaban, las acciones eran totalmente autómatas desde el inicio de su mandato. Una mañana fue diferente a las demás, los astros caminaron el recorrido inspirando el orden de las cosas. Cuando la falacia salio con su capa contagiosa de desconsuelo, los astros la siguieron. Este monstruo penetraba fácilmente con su mirada perversa. Entonces se edifico un colapso en la oscuridad que el engendro cayó sentado y al levantar su mirada vio fulgor en todo el cielo, vio nubes, esperanza. El astro del presente y el andar resplandecía en puesto lejano y solitario, pero el más visto por todos. En cambio la otra era ostia de amor y curiosidad. Los individuos en dicha corrían desnudos de alegría, lloraban formaban ríos para la vegetación desgastada. El tiempo corrió en la gran beatitud y hubo noche, un escenario para el descanso proyectando en el sueño lo venidero. Finalmente nació el abrir y cerrar los parpados con ausencia de vanidad y con una eterna presencia de historias bañadas en sueños.

 

Bernabé De Vinsenci

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Domingo, Febrero 25, 2018

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