Ana Marie, y su horripilante historia,,, cap 1

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ANA MARIE Y SU HORRIPILANTE HISTORIA

CAPITULO I


- ¡Vamos Ana, tienes que levantarte! -Fueron las palabras que interrumpieron el placentero dormitar de la pequeña Ana Marie, ya que
Siempre le costaba levantarse; de hecho había que levantarla media hora antes de lo acordado para que pudiera estar lucida luego.
- ¡Tienes que despedir a tus padres! Levántate a desayunar con ellos antes de que se vayan – siguió diciendo Marta su niñera para despertarla con suavidad.
Ana haciendo un gran esfuerzo se levantó sin decir ninguna palabra y bajo al comedor para desayunar.
«volvió esa tristeza, aunque ya tendría que estar acostumbrada» pensó ella, ya que no era la primera vez que se iban. Pero otra vez estaba triste; sus padres se iban por dos semanas y ella sabia que los extrañaría mucho. Ana podría estar enojada o triste, sin embargo se quedaba callada, le costaba mucho expresar sus sentimientos.
- Hija, ¿cómo estás?- Preguntó su mama muy animada.
- Buen día- apenas contesto ella poniendo lo mejor de su animo.
- Siéntate con nosotros Ana Marie, ahora te preparo el desayuno- dijo Paul, su padre.
Ana Marie otra vez se preguntaba en su silencio, al ver la escena, por qué tenían una mesa tan grande si era hija única ya que tampoco sus padres querían tener mas hijos; no le encontraba sentido a aquello. Lo mismo pensaba de las vajillas que Marie, su madre, nunca se cansaba de comprar nuevas, siendo que eran tan pocos.
- ¡Ana! – la interrumpió su madre otra vez. – ¿En qué piensas tanto?
- Lo siento mami, sigo teniendo un poco de sueño – contestó para disimular su poca atención.
Así era Ana, siempre estaba distraída. «Tengo muchas opiniones» decía ella para excusarse. Con tan solo sus diez años de edad ya había leído muchísimos libros de aventuras, y solo porque los otros géneros no conseguían llamar su atención.
A Ana no la dejaban salir demasiado de casa, y a eso se debía su pasión por los libros; pero si debes en cuando lo hacia, era solo en la camioneta de su padre cuando él la llevaba. Ellos vivían en medio de un bosque: un hermoso lugar lleno de árboles de pino, flores y pájaros de todo tipo; todo menos de personas supuestamente.
Paul y Marie se habían hecho muy ricos desde que su compañía empezó a interesarles a cierto grupo de grandes comerciantes, y tanto era su dinero, que compraron una gran casa junto con ese hermoso bosque de pinos.
La casa era hermosísima, toda de madera fina, con unas diez enormes habitaciones repartidas en dos plantas, una la terraza amplia, y una entrada con una decoración maravillosa.
- Vamos Ana no te pongas triste, mami va a comprarte más juguetes, y también traeré algunas cosas más para la casa. -dijo Marie.
«Quizás si no tuviéramos una casa tan grande, no tendrían que viajar tanto» pensó Ana con honda tristeza.
- ¿Quieres algún juguete en especial?- pregunto ingenuamente.
- Mejor deja de hablar de juguetes y dile cuanto la amas – dijo interrumpiendo Paul con un poco de recelo por la imprudencia de su esposa.
«Otra vez discutirán por esto» se dijo Ana dispuesta a viajar otra vez en sus pensamientos cuando su padre le volvió a hablar.
- Hija prométeme portarte bien con Martita, recuerda que esta un poco viejita como tu abuelita, así que no la hagas renegar. -dijo
- Nunca lo hago papi - rápido contesto ella.
- Lo sé, y por eso no quiero que cambies nunca, eres muy especial para mi – dijo agachándose a su altura para darle un beso en la frente – No salgas al bosque, no quiero que te pase nada malo. Tienes muchos libros para leer y muchas cosas para preparar en la cocina con Marta, busca en que ocuparte, no te aburras. -agrego luego.
- Vuelve pronto papi – respondió casi llorando.
- No te preocupes por nosotros hija, estaremos bien –enseguida la abrazo, para luego solo retirarse.
Cuando ella quería llorar, no le gustaba la idea que pudiera ser vista, así que subía a la terraza para su tranquilidad. Ahí podía quedarse horas pensando y hablando de cosas que nadie más sabría. Antes a su padre le encantaba escucharla y no le hacia falta aquel lugar, pero él luego solo dejo de tener tiempo. Subió pronto sus padres se fueron, y cuando estaba a punto de llorar, vio dos pajaritos graciosos en la parte alta de un pino, los que parecían hablar entre ellos.
«Los pajaritos tienen amigos, y yo estoy aquí hablando sola como siempre» dijo enojada en voz alta.
No dejaba de observarlos tratando de imaginar que se podrían estar diciendo, pero no conseguía imaginarlo. Después empezó a inventar conversaciones graciosas entre ellos para divertirse. Mientras los miraba de pronto algo llamo su atención, algo que no había visto antes, parecía una chimenea, una chimenea muy chiquita; como una que ella había dibujado tiempo atrás, la de su "casa perfecta", la que era solo para cuatro personas como su familia, "incluyéndola a Martita" dijo alguna vez.
-Ana Marie ¿estas en la terraza otra vez? Baja que esta vieja apenas camina como para ir a buscarte. -se escucho desde la ventana de abajo.
Marta tenía días buenos y malos, como todo mayor. Ella había cuidado a Ana desde su nacimiento, la conocía quizás mas que su madre y su padre se podía decir. Lamentablemente hace poco tiempo se le habían descubierto una enfermedad en los huesos, por lo que se cansaba mucho regularmente y a veces eso le cambiaba su buen humor, aun así nunca había tratado mal a Ana Marie.
-¿Qué vamos a comer hoy Anita?- pregunto Marta, una vez que Ana bajó.
- Tarta Martita, las que vos me haces para estar feliz y tanto me gustan- contesto Ana.
Marta sonrió complacida por las palabras de Ana. La quería muchísimo y no le gustaba verla triste, por eso siempre le decía que tenia que ser fuerte, feliz e inteligente, repitiéndoselo vez tras vez.

Una vez que terminaron de comer Ana y Marta siempre hacían una siesta, pero esta vez Ana no conseguía dejar de pensar en esa chimenea que había visto entre los pinos, así que no consiguió dormirse.
Marta la dejaba salir al bosque pero siempre que estuviera cerca de ella, ya que estaba en desacuerdo que una niña como ella tuviera que pasar todo el día encerrada.
- No creo que se enoje Marta si salgo un ratito – pensó Ana, y con mucho cuidado tomo las llaves que estaban en la mesita del velador. Luego escribió una nota que decía: “Martita, fui al bosque a buscar manzanas. No te preocupes, ni enojes, soy fuerte, inteligente y feliz". Y la dejo a la vista.
Una vez afuera, en menos de lo que pensó, se había alejado demasiado de su casa; tanto que ya no la veía al mirar hacia atrás. Esto comenzó a asustarla, por que pensar en la idea de haberse perdido le daba miedo. Pero entonces recordó todo lo que Marta le había enseñado, así que respiro profundo, y siguió para de algún modo volver, o eso pensó que pasaría.
- No puedes ser tan cobarde Ana Marie, así nunca llegaras a descubrir lo que te interesa – se decía a ella misma; esto no era raro pues tenia esa costumbre de hablar consigo misma como si fuera dos personas.
- Esta bien, pero estoy asustada- se contesto a si misma. 

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Martes, Junio 19, 2018

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