La Muerte de Papa Noel

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La muerte de Papá Noel

 

En la última Noche Buena, mientras reinaba la paz y armonía hogareña, ocurrió en la ciudad algo inaudito: los niños recibieron exaltados sus regalos y cuando los abrieron, se encontraron desconcertados con lo que sostenían sus manos: muñecas rubias con la cara de artistas glamorosas, vestiditos y zapatitos color rosa firmados por bailarinas famosas, y muñequitos con la cara de Robbe Williams que hasta se podían mojar en los pantaloncitos; de inmediato elevaron sus protestas a los padres quienes interpretaron el impase como una sencilla confusión. Las niñas, también con emoción abrieron sus regalos y descubrieron sorprendidas, granadas de plástico que se fragmentaban como las que usaba la armada aliada contra civiles y retorcidos, balones de futbol firmados por el campeón importado o exportado de turno, y juegos electrónicos con los que se podían matar a todos los sospechosos de terrorismo del mundo entero, por lo que también se quejaron enérgicamente ante sus padres. En esos momentos los padres contemplaban a sus retoños con estro encantado, y ante la rotunda sorpresa, atribuyeron todo a una confusión de Papa Noel. Entonces, las amas de casa procedieron a abrir sus obsequios con algo más de cautela y con marcado resquemor: retiraron los lazos de satén, y al desenvolver los vistosos paquetes se encontraron con desarmadores anunciados por moderadores de la televisión, llaves inglesas que utilizaba James Bond para armar y desarmar lo inimaginable, cañas de pescar que recomendaban los políticos, y pipas con tabaco comunista cubano que apestaba delicioso, y, como es usual en las mujeres, con un mohín pronunciado, fruncieron el ceño, se cruzaron de brazos y esperaron que el marido haga algo... Los maridos, casi a la vez, a lo largo de toda la ciudad, tomaron la actitud típica de los hombres: relajados y apáticos, sosegaron los ánimos con voces gruesas y cálidas tratando de calmar el despelote que se empezaba a apoderar de la paz hogareña de las felices navidades: también abrieron los envoltorios, y atónitos, destaparon ollas a presión con las que cocinaban las famosas en los comerciales, ruleros mágicos y máquinas depiladoras con las que se arrancaban sonrientes los vellos de sus piernas perfectas, las divas del cine. Guardando el aplomo exigido, casi a la vez, miles de padres se encogieron de hombros y recordaron a la mamá de Papa Noel. Eso no fue todo, las abuelas abrieron a su vez lo que Papa Noel les había enviado por DHL y UPS, porque este último año no se asomó con sus renos, ni se escuchó su risa gruesa y navideña, y, tras hacerlo, ya no estaban seguras si les fallaban las gafas, o se empezaban a alejar de la realidad por la senilidad: encontraron entre sus manos discos compactos de música electrónica que no podían escuchar en sus radios obsoletos, zapatillas Nike para hacer jogging que les sería imposible utilizar debido a sus problemas reumáticos, lo que con-llevo a añadir al ya recargado ambiente, las airadas protestas departe de las abuelas que perdían hasta los dientes en su afán de queja; y mientras tanto, agregando aún más confusión en la ciudadanía, los abuelos al abrir sus paquetes se encontraron con patines in-line y bicicletas de montaña que les sería imposible abordar por las severas lumbalgias que padecían. Poco a poco, la Noche Buena en toda la ciudad se fue contaminando de discusiones y peleas. Ante esta discordancia la policía, que en esos momentos discutía a voz en cuello en las jefaturas por los obsequios disparatados que llegaron a sus nombres, tuvo que tomar cartas en el asunto para tratar de aplacar los pleitos domésticos que se iban multiplicando, irónicamente, en plena Noche Buena. La ciudad fue poseída de un barullo ensordecedor y miles de trifulcas domésticas empañaron los cantos y planes de Paz. El comisario, con un sombrero de cocinero que recibió como regalo, ordeno a sus subalternos de guardia con uniformes de bomberos, también regalados, que sofoquen los pleitos y detengan a quienes alteren la paz navideña en las calles, que si bien, Papa Noel había incurrido en la irresponsabilidad total alterando el orden de los regalos, no era razón contundente para permitir que las familias se aporreen en las calles. Ante la ilógica situación el gobernador convocó una reunión de emergencia en pleno día navideño, 25 de diciembre. Hicieron acto de presencia las autoridades mayores: todos lucían moretones, arañazos y cloqueaban entre ellos. Finalmente llegaron a la conclusión que era necesario enviar una comitiva de la ciudad a buscar a Papa Noel para exigirle rindiera una explicación plausible al problema generado por su estupidez. La comitiva se desplazó en aerolíneas Austral, a un país muy helado, y caminando por la nieve llegaron a la casita del buen Papa Noel: su carroza estaba estacionada en la puerta donde curiosamente faltaban los renos. Cuando tocaron la puerta de la casa de Papa Noel, abrió una mujer joven, morena y voluptuosa, ataviada con lencería capaz de quitarle el frio a cualquier hombre; los encargados de la comitiva pasaron ya calientes al interior de la casa del barbudo y se encontraron con él frente a frente: Papa Noel se hallaba sentado en calzoncillos mostrando los residuos de una erección, ante el fulgor de la chimenea y bebía Freixenet con los ojos inyectados. Preguntado por la comitiva: que ¿cuál era la razón de su irresponsabilidad? Papa Noel respondió impertérrito, sin modificar su gesto aún bonachón, que él había muerto. Estoy liquidado.-. Preguntado Papa Noel por sus renos: indicó que los había hecho a la parrilla y se los había comido con su amiguita porque ya no se atrevía a comer carne comprada en supermercados, y si bien, el hecho de comerse los renos constituía una falta de ética por su misma tradición, a él le daba absolutamente igual la opinión de los demás. Preguntado Papa Noel, ¿si es que no le interesaba la imagen que proyectaría a los niños si éstos eran informados de su reciente actitud? respondió: no me interesa lo que piensen los niños porque para su entender habían ya perdido toda inocencia y fantasía No creen en mí!-. Preguntado Papa Noel si su conducta impúdica le parecía normal, mientras que él debería proyectar una imagen diferente y no tan hedónica. Papa Noel respondió: la imagen hoy en día no cuenta, la sensibilidad y la decencia está consumida por el sentido práctico. Amigos he colgado el hábito!.- Los de la comitiva murmuraron entre ellos mirando perplejos a la morena mientras le servía un trago al viejo y le besaba el cuello. Papa Noel observaba con ojos vidriosos, aunque siempre seráficos a la comitiva. Preguntado Papa Noel ¿por la razón de su desapego total a la tradición que él representaba para toda la cultura mundial? respondió sin perder la calma: la expresión comercial ha rebasado los límites de lo imaginable, mientras los hombres están ocupados buscando fórmulas que satisfagan sus intereses, se están disolviendo los valores y tradiciones.- Los de la comitiva lanzaron interjecciones de sorpresa. Finalmente, el mismo comisario de la policía que era parte de la comitiva, preguntó: y cómo se le ocurrió señor Papa Noel, enviar los regalos por DHL y UPS. Papa Noel exclamó: sigan entusiasmándose junto con los niños por las computadoras... He escogido un sistema de envíos computarizados que debería funcionar. Si tienen quejas, hágalo con las empresas que prestaron sus servicios, y ahora dejadme en paz, ah!, me olvidaba: Feliz Navidad... Salud!-  JO, JO, JO _FELIZ NAVIDAD

 

Ivo Moran

….ya no cree en Papa Noel, tampoco en el Papa católico, menos aun en los papanatas que resuelven la existencia del mundo mediante sus pulsiones egoístas que no piensan en sus nietos.

 

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Jueves, Febrero 22, 2018

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