La fabula de los naranjos

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naranjos

Cierto día, un naranjo que estaba ubicado en una gran avenida principal, le platicaba sobre la vida a otro naranjo, hallado dentro de una pobre casa en la misma avenida.

Contémplame -Decía el naranjo que se encontraba en la avenida- en mi plena majestuosidad. Mis hojas brillan relucientes a la luz del sol, mi tronco es grueso y firme. Mis ramas son admiradas por cada peatón, mi sombra cubre a todo transeúnte, mi tierra es humeda y soy uno de los más bellos arboles, solo los mejores estamos destinados a componer la hilera que adorna a tan hermosa avenida.

 

Eres en realidad muy bello -Replicaba el otro naranjo desde dentro de la casa- pero no te envidio. Aunque mis hojas no son como la tuyas, y mi tronco es débil y ya viejo, he vivido una vida plena.

¿Una vida plena dices tú? -Refutaba el otro- ¿Como podrías llevar una vida plena, si tu tronco es débil, tus hojas marchitas, y tus ramas caen lastimeramente casi tocando el suelo?

 Solo sé que he llevado una vida plena -Respondió el viejo árbol

Ningún hombre puede comer mi fruta -Alardeaba el más joven- esta es regada con un liquido especial para protegerla de los ladrones e inconscientes que quieran destruir mi majestuosidad, mi maravillosa fruta se ve fresca y hermosa, y siempre adorna a mis ramas. Pobre de mí si algún día me faltase tan necesario liquito, seria hurtado y violado sin compasión alguna...

 

El joven naranjo, siguió alardeando por espacio de horas, cuando de pronto un niño que pasaba por allí, se encaramo a la reja de la casa en donde estaba el viejo árbol, y de un tirón le arranco una naranja, en seguida la descascaro y la llevó a su boca, el niño, feliz por haber comido tan delicioso fruto, y luego de que el jugo hubiese saciado su sed, siguió de largo por la avenida, con su rostro lleno de felicidad.

 

El árbol más joven que había observado la situación, al ver marcharse al niño, inmediatamente guardo silencio, miro hacia el piso, y noto como los frutos que en otrora habían adornado sus hermosas ramas, yacían ahora podridos en el suelo. Guardo silencio hasta el anochecer, y en los días próximos, un hombre lo quebró al chocarlo con su auto.

Un nuevo naranjo llego, y alardeo de su belleza, hasta que otro niño vino, y le arranco un fruto al viejo árbol, y feliz, se fue caminando por la bella avenida…

 

 

YURANAE

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Jueves, Febrero 22, 2018

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