NO MÁS LÍMITES

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NO MÁS LÍMITES

 

Después de resuelta aquella situación, me dirigía a la ciudad de Los Aromas. Esta ciudad era  diferente a las que conocía y a las más turísticas, era una ciudad sin barreras. Aquí florecía lo que particularmente suele llamarse esencia, porque la ciudad era eso: la esencia misma de un mundo en el que el ser social era el ente fundamental que le daba vida a la naturaleza.

Pero al momento de entrar me resultó una objeción: me dijeron que tenía que cumplir con unos requisitos básicos y obligatorios, que éstos los encontraría en el devenir de aquellas otras ciudades. Pregunté los principios, nadie me los dijo; debo decir que había un vasto impedimento de sus residentes y que, en efecto, era imposible tener algún lazo o vínculo informativo. Parecía que mi sueño había caducado antes de realizarse, el llanto y la agonía volvieron a mí. Sabiendo que era capaz de resolver cualquier situación como la resuelta anteriormente, era una decepción moral que ciertos parámetros, que ni sabía cómo lograrlos, me exigieran tanto de mí, tanto reflexionar. Pero… ¿Quién podría inventarse reglas para un simple paseo a una ciudad recomendada?

Me dediqué a mi búsqueda siguiendo ciertos pasos de observaciones objetivas preguntándoles a las personas de aquellos lugares que me parecieran más alejados y “marginados” de la sociedad comúnmente vista. Noté que aquellas personas se interesaban por la información que les proporcionaba sobre mi vida y mis objetivos, pero también, vi  inquietud en ellas, desconocimiento de su propio territorio, solidaridad y afecto. Debo decir que salí sorprendido de ese lugar –del cual habían adjudicado inmensos prejuicios y calumnias a sus habitantes--al ver la sencillez que rodeaba a sus personas;  me sentí devastado, inicuo, sin ganas de seguir; nunca en mi propia historia había descubierto el maravilloso placer que tiene el interactuar con personas diferentes a tu estilo, ideología y familia; nunca creí que me acogieran de la forma como lo hicieron. Comprendí entonces, que era el generador de mis propios desdenes y que era el causante de los límites que mi propia realidad me creaba.

Aunque pasa el tiempo y aún no consigo una respuesta que me acerque a la ciudad de Los Aromas, siento que cada día me fortalezco más en espacios diferentes que me brindan esa noción de su perspectiva, historia, costumbres. Cierto día llevaba un diario de campo-- en el que relataba  las experiencias vividas con la gente, los pocos inconvenientes que pasé, las enseñanzas y conclusiones que podrían responder a los requisitos de aquella ciudad-- iba  en busca del lugar, no lo hallé, busqué sus coordenadas y no tuve respuesta. Miré el firmamento y me sonrió con gotas de lluvia.

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Lunes, Febrero 19, 2018

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