Noche de Muertos

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Noche de muertos

José Abel Saavedra

 

Una fría noche de noviembre, noche que celebraba a los difuntos como otras tantas en el pasado, creí que sería como las anteriores, pero ya siendo mayor quise intentar algo nuevo con mis amigos.

La cita era a las 6 de la tarde, casi anochecía, la obscuridad caía muy rápido, al igual que el frio, pues la gélida brisa hacía temblar a las multitudes que se disponían salir como cada 1º a las calles.

Yo me aliste, este año usaría ropa negra y diría que soy vampiro, pues la tendencia los puso de moda. Al salir, mis amigos esperaban, pues era el último por el que pasarían, la razón yo era quien vivía cercas de la avenida principal donde las actividades de cada año se celebraban.

-¿Qué vamos hacer?- Julio el más joven de todos preguntaba ansioso, pues era la primera vez que salía sin sus padres en esta noche.

-pues vamos a ver dónde está el reven.- Josué el más fiestero de todos, era conocido en el barrio como el más ebrio de los chavos.

-¡No mames wey! Eres bien pinche pedote, mejor vamos a la avenida chance y vemos unos pollos.- Héctor el hermano de Josué un año más joven, era también conocido por ser el más mujeriego, hasta ese día se le conocían 2 novias, pero otras lenguas decían que andaba con la mayoría de las vecinas del barrio. Incluyendo mi hermana de 15 años lucy.

-No pues a lo que sea, pero vámonos o me regresan.- les dije yo pues me habían impuesto un horario.

Caminos todos hasta la avenida, pues era un hecho que haríamos todo lo que se nos antojara sin la supervisión de un adulto como años anteriores. Sin embargo al  cruzar la avenida nos encontramos a un tipo muy extraño, no nos causó gracia ni nos afectó, pues la costumbre de la localidad era que cada 1 y 2 de noviembre, la gente se disfrazase y saliera a las calles y sobre todo a la avenida principal a recorrer los establecimientos quienes daban dulces, sorpresas y otras clases de regalos. Sin embrago el tipo era muy aterrador.  Seguramente su disfraz había sido muy elaborado o muy caro, pero no se movía de ese lugar.

Más adelante en una tienda que cada año hace rifas había otro tipo igual, mismo traje misma pose incluso mismo olor. Un olor como de Resistol 5000, lo primero que pensamos era que se estaba moneando, pero dudamos pues podría ser el Resistol que uso para pegar el traje, lo sorprendente es que era idéntico al dela calle anterior. Josué dijo –Seguramente es el mismo wey- y Héctor le contesto –¿Cómo llego rápido?.-

Seguimos adelante y otra tienda esta vez de ropa muy nueva que el año no había abierto aun, otro sujeto con mismo traje horrible, lo pasamos ya de largo, sin embrago empezó a inquietarme, no por el traje horrible, sino por ser tres sujetos que eran idénticos, esta vez me fije y no era el mismo pues a esa distancia podía observar a los tres.

En otra tienda otro con el mismo traje, esta vez sí le puse atención. El traje consistía en una capa negra rasgada y polvorienta, la máscara era de bruja o eso pensé al principio, pues las arrugas y la nariz lo aparentaba, más bien, era de monje, y una peluca negra y larga. Sus manos ocultas y su postura ligeramente encorvada. No se podía ver los ojos del disfrazado, no solo por su posición con la mirada caída si no por la máscara.

Seguimos caminando pero me puse cada vez más inquieto, incómodo y nervioso, había al menos otros 4 tipos como esos adelante.

Caminamos unos minutos y la gente se empezó a reunir en los establecimientos. Cada vez era más difícil seguir caminando y dimos vuelta en una calle para rodear y llegar a una fiesta que Héctor había escuchado que abría.

Al llegar a la puerta de la casa donde era la reunión escuchamos la fuerte música, pero no había nadie fuera, lo curioso es que la puerta estaba entre abierta, Héctor que conocía a la chica que organizo la fiesta entro, pero tardaba en salir por lo que Julio y Josué entraron, pero solo por unos segundos cuando salieron corriendo gritando, -¡Corre!-

Yo apenas reaccione y corrí dirección a la avenida, gire brevemente y con la mirada vibrante y agita por correr, pude ver a uno de los disfrazados con un puñal enorme, persiguiendo a mis amigos, casi sujetándolos, la mirada de Julio, era de terror, asco y cansancio, Josué apenas se libraba de las manos del enorme sujeto disfrazado.

Llegamos a la avenida y la gente corría despavorida para todos lados, niños y adultos chocando unos a otros, huyendo de algo que les perseguía.

Parecía que el tiempo se detuvo y observe detenidamente que sucedía, los sujetos disfrazados eran asesinos armados con puñales, era aterrador ver como sujetaban a las personas por la cabeza, el cuello, los brazos o del cabello y con la otra mano apuñalaban el abdomen o pecho, tan solo instante, pero me pareció una eternidad.

Julio me toco la espalda y reaccione, -¡Corre, hay que escondernos!- me grito y corrimos hacia donde hay una comandancia de policías, pero nos detuvimos al ver a otros dos sujetos con disfraz aniquilando a los policías que trataban de detenerlos con una serie de tiros.

No importaba cuantos disparos recibieran estos no dejaban de caminar, uno tras otro cada policía que tenía arma disparaba, y los dos sujetos parecían monstros que no se detienen pues la balas no eran más piquetes de mosquitos. Cada paso dejaba una línea de sangre de las heridas que las balas les dejaban. Y cayeron.

Se empezaron a oír sirenas de policías y la gente corría aun, los disfrazados que vieron a sus compañeros caer corrieron junto a la gente, cuando nosotros vimos que se iban tuvimos un poco de valor para correr detrás de los agentes que llegaron solo para darnos cuenta de la masacre que dejaron, pero no dieron con ellos, los trajes que habíamos visto, estaban en las banquetas ensangrentadas, sobre cadáveres mutilados y sobre gente tirada en el suelo gritando de terror y madres llorando sobre el cuerpo sin vida de sus pequeños, no eran las 7 aun cuando vi la obra de unos psicópatas sedientos de muerte, dándome cuenta que los vivos son más aterradores que los fantasmas y cuentos de animas penando.

Héctor fue la víctima mortal del grupo, julio tenía heridas y Josué lloraba desconsolado por su hermano.

Solo las máscaras y las capas polvorientas, fue la evidencia, ni videos ni fotos existieron de lo acontecido. Una mancha de mi localidad, jamás supo el pueblo quienes fueron los autores, y eso es peor, viven con el miedo de que regresen.

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Sábado, Febrero 17, 2018

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