Acapulco Rojo

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Acapulco rojo

 

 

Creo que nunca había visto tan solitaria la costera en éstas épocas, ni tan limpia, pero la limpieza se debía a la ausencia de gente. Siempre a éstas horas, entre las 6 y las 6 30  de la tarde, tiempo del día que  llamaba la “hora mágica”, podías ver a un sin fin de turistas sentados en la arena,  niños jugando a las orillas de las olas como si fuera un chapoteadero e incontables vendedores ambulantes vendiendo un rango de cosas infinitas. Podías comprar desde ostiones, donas de chocolate y plata, hasta masajes relajantes lentes y tatuajes.

La llamaba la hora mágica porque había oído que así la llamaban muchos directores de películas de Hollywood debido a  que es un momento breve que hay entre que se ve el sol y se deja de ver y tenían que saber aprovechar muy bien esos minutos para lograr la toma adecuada para su escena. En ese momento toda la costera se tornaba de un naranja rojizo y daba la impresión de estar fuera de la realidad, el sol daba sus últimos alientos viendo su reflejo en el mar y de pronto pum, era de noche.

Pero éste año fue diferente a todos; La costera estaba vacía, y parecía ser que el sol hacía lo posible por esconderse lo más pronto  posible. El gobierno tuvo que cancelar todas las reservaciones de hoteles debido a la inseguridad y a unos grupos de estudiantes de protestaban de forma violenta.

Pero yo caminaba todos los días para llegar a la zona hotelera, que era ahí donde vivía Oli, la hija del dueño de una galería de Arte que se hallaba en la avenida Miguel Alemán. Su padre la había traído junto con él de Argentina a Acapulco hace más o menos un año en busca del talento Guerrereño, del cuál era un gran admirador, pero para poder moverse en el ámbito artístico abrió una galería donde mostraba Importaciones Europeas y la cuál había tenido el éxito suficiente para mantenerlo a él y a si hija hasta el día de hoy.

Oli me pidió que la sacara a conocer el puerto a los pocos meses que llegaron aquí, yo iba una vez a la semana a ver las nuevas adquisiciones de su pare y después iba solamente a verla a ella. Tenía una actitud muy llamativa, como no conocía a nadie en el puerto más que a mí, parecía no  importarle nada, era como si tuviera un mundo aparte o una realidad aparte. Siempre usaba la ropa  de los 80´s de su madre que había muerto hace mucho. Eran vestidos de minifalda, muy coloridos y de una tela extremadamente suave. Cada  ves que el viento pasaba se le veían unos muslos bien formados e incluso a veces  la ropa interior.

Solíamos caminar a éstas horas por que le gustaba ver el atardecer, caminábamos a la orilla del mar dejando que nuestros pies se mojaran con el ir y venir de la espuma, caminábamos hasta que estuviéramos un poco cansados y nos sentábamos un poco más alejados de la orilla del mar y ella sacaba de su bolso un pequeño estuche donde guardaba mariguana y todos los utensilios necesarios para fumarla. Yo no fumaba eso en ése entonces, pero su ternura y nobleza no me dejaron otra opción, al ver que lo único que pasaba cuando la fumaba era que llegaba a un nivel de tranquilidad en el que yo no estaba  no me dejaba pensar que era fuera algo  malo.

Fumábamos viendo el atardecer y era costumbre que cuando cayera la noche los dos nos acostáramos boca arriba viendo un cielo oscuro y estrellado, y escuchando el estallar de las olas contra la arena, después ella me pedía que la acariciara, subía su falda hasta la cintura y mis dedos masajeaban suavemente sus pantaletas, donde sentía el calor y la humedad de su sexo. Ella solo respiraba de una manera más lenta y pacífica, e inflaba el pecho como si estuviera teniendo un orgasmo muy dentro de ella. Después nos íbamos a cenar en algún puesto dela Miguel Alemán y la llevaba de regreso a su casa.

 

Fue por mediados de Noviembre que sucedió, no lo voy a olvidar jamás por la serie de acontecimientos que sucedieron que esas fechas. Dejé de ir a la escuela porque la habían cerrado un grupo de estudiantes que protestaban por la desaparición de otros compañeros tras un enfrentamiento con la policía municipal. Nos pedían a nosotros que nos uniéramos a su movimiento para exigir la aparición con vida de aquellos estudiantes. También fue por esas fechas que renuncio el gobernador del estado por la misma causa y ahora en la capital había movilizaciones masivas que exigían la renuncia del presidente actual así como la aclaración de la procedencia de la casa que había comprado su esposa, la cual dicen que ni famosos de Hollywood podrían pagar.

Fue por esas fechas que salí a pasear con Oli como siempre, pero ésta vez fue diferente, ésta vez me pidió que la besara, claro que ya lo había intentado yo antes, pero me lo había negado, lo cual era un tanto raro y me causaba conflicto. Ella dejaba que le tocara la vagina pero no los labios… de la cara. Pero ésta vez ella me lo pidió y después hicimos el amor, de lo cual nos arrepentimos por haberlo hecho en el lugar incorrecto, pues el roce de mis rodillas y su espalda contra la arena nos dejaron quemaduras y cicatrices. Pero el acto en sí, no estuvo mal.

Cuando fui a dejarla a su casa me pidió que al día siguiente la acompañara a ella y a su padre a comer para festejar o más bien recordar el cumpleaños de su madre.

Esa noche decidí tomar el camino largo a casa, camine por las avenidaa principales y fue imposible no ver las condiciones en las que se hallaban; Locales destruidos, paredes pintadas con logos del movimiento estudiantil, el palacio municipal totalmente chamuscado y fisurado por el fuego con el que lo habían incendiado, las calles vacías y sucias, el olor de la brisa del mar era diferente, daba un aire de melancolía y putrefacción. Por un momento sentí ira hacia aquellos que proclamaban pelear por un México mejor, pero decidí dejar de pensar en eso y llegando a mi casa me masturbé con el recuerdo de Oli y la sensación de sus muslos enredados en mi cintura.

Lo sucedido al día siguiente cambió el rumbo de mi vida para siempre, fue como si se hubiera abierto una ventana de mi cuarto con vista a la realidad, una ventana que había estado ahí  siempre  pero que por obnubilación y apatía no había abierto nunca.

Fuimos a comer a un restaurante elegante de clase alta, yo no sabía que iríamos ahí y me vestí como siempre, pero no me importó, no conocía a nadie de esos ámbitos y sinceramente me importó un comino lo que pudieran pensar de mí.

 

Cuando comíamos las famosas jaibas rellenas del lugar y el padre me contaba sobre la tendencia del arte moderno en Japón, llegó a la mesa el mesero con una botella de champaña. Yo lo vi como un detalle innecesario para la ocasión, pero no pude evitar sonrojarme de ira cuando el mesero con una risa fingida y temblorosa nos explicaba que era un regalito del hombre que se sentaba a dos mesas vecinas. Me sorprendió más la cara del mesero que el acto en sí. Parecía estar bajo amenaza, pintaba una sonrisa con la boca , pero los ojos y la mirada no dejaban de gritar. Mientras servía el Champan  con la mano temblorosa dejó sobre la mesa una servilleta con un mensaje, un mensaje que el padre de Oli leyó hasta que el mesero se había retirado de la mesa.

En el mensaje se nos informaba que el caballero que había sido tan detallista con la botella, era nada más y anda menos que el hijo del sicario más poderoso de la región, hijo del líder del cartel con más poder en Guerrero y que a él, le había gustado Oli, su hija, y se le recomendaba, de parte del mesero y el restaurante que saliera inmediatamente del Estado sin mirar atrás y que no volviera si no era necesario, pues el mismísimo hijo de los cielos no era de los que dejaban ir las cosas que querían así de fácil.

El padre de Oli me tomó la mano y me miro con una mirada dándome a entender algo que hasta ahora no he entendido y tomó a su hija de la mano y salieron caminando del lugar disimulando su prisa y pavor.

Esa fue la última vez que la vi, con una lagrima en la mejilla y viéndome desde la puerta del lugar mientras su padre la jalaba hasta su coche. Y yo sentado sólo, en la mesa en espera de algo y nada, viendo como a los pocos minutos el hombre y sus acompañantes también dejaban el establecimiento para subirse a una camioneta blindada y de vidrios polarizados.

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Domingo, Febrero 25, 2018

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